¿Se vale soñar?
Porque es lo que no puede hacer un archivo histórico.
Les comentaba que Antonio Velasco Piña suele tener interpretaciones distintas de la historia de México en sus novelas. Y que “Malinche, el musical” parece que abusa de ello, pero también logra una hermosa pieza de arte, no necesariamente para mal.
Hay otros que lo han hecho con mucho rigor y cuidado. Los monólogos del primer y último capítulo de “Noticias del Imperio” de Fernando del Paso, me parece de lo mejor escrito en español, una gran presentación de un personaje y un hermoso viaje a la mente de la protagonista no solo de su novela, sino de un fragmento normalmente descuidado de nuestra historia.
Y ese es el tema: ¿Qué tanto podemos meternos a la mente de un personaje histórico al hacer una revisión novelada de su vida?
Si se hace con respeto, me parece que es lo mejor que podemos hacer los novelistas que abordamos textos históricos. Por ejemplo, este señor que fue el último emperador azteca y que ahora tiene un monumento en Paseo de la Reforma, justo en el cruce de las dos avenidas más emblemáticas de la capital mexicana: la más larga y la más hermosa.
Tienes que rendirte, porque prolongar la guerra solo causará dolor y sufrimiento adicional a tu pueblo. Pero tu honor de guerrero y tu rol como sumo sacerdote van a quedar comprometido. ¿Lo haces o no? Evidentemente lo hizo. Pero… ¿Qué pensaba la noche anterior a rendirse?
Justamente es lo que pasa en el primer capítulo de “El tesoro de Cuauhtémoc”: la noche previa a la rendición, Cuauhtémoc hace una ofrenda y le da un regalo muy especial a su acompañante. No les cuento más, pero les confieso que es uno de los textos que he escrito que me siguen conmoviendo hasta las lágrimas cada vez que lo releo —-en especial las primeras dos y las últimas cuatro páginas del capítulo—.
Meterme en la cabeza del último Tlatoani fue una gran experiencia, aunque ciertamente muy fuerte también. Por eso, les invito a leer “el tesoro de Cuauhtémoc”.


