Dicen que me distraigo fácilmente
Pero no es eso de lo que les iba a hablar…
Hace dos días les comenté que hay dos preguntas que me hacen frecuentemente: De dónde saca un autor sus ideas y por qué no publico más. Una la contesté ese mismo día y prometí la respuesta de la siguiente para ayer. Pero me hicieron una pregunta más interesante y urgente… Y me distraje.
Afortunadamente, la persona que me hizo la pregunta —y a quien le anticipé parte de la respuesta en corto— le sirvió y le llegó a tiempo. Ayer en la noche tenía que definir un proyecto y aceptar un cronograma. Ya le quedó claro que le será posible cumplir… a pesar de tener tres veces más tiempo que el que usé en el proyecto que les conté ayer.
Queda entonces la segunda duda: ¿por qué, si escribo rápido y bien, no tengo más libros publicados? Eso se explica de manera relativamente simple…
El problema no es escribir: es editar. Que todo lo que digas tenga sentido.
Tiene que ser interesante. Que no pierdas demasiado tiempo explicando el sabor y textura de las galletas que se está comiendo el protagonista (a menos que sean importantes para la historia: las últimas galletas que le horneó la abuela; una galleta envenenada que le mandó un viejo rival; la receta que relanzará su compañía de comidas). Que no expliques algo relevante en una frase que pase inadvertida, pero que tampoco digas desde el inicio: “Esta es la clave que revela todo el misterio”. Todo eso que un buen editor sabe hacer.
Yo tengo una magnífica editora (hola, Aline). Hace un buen trabajo. Me corrige en lo que estoy mal. Encuentra los errores de dedo. Me pasa algunas sugerencias sobre el desarrollo del libro. Y entiende que el editor NO es el autor: puede sugerir, incluso demandar cambios. Pero no porque los pida ella los tengo que hacer. Así que son básicamente sugerencias. Respeta mi rol y cumple el suyo. PERO… (Y ese es el gran “pero”): hay que pagar sus servicios. Y, hasta hoy, no había un “cómo”.
El tema es que, como autores que nos publicamos solos (sin editorial, pues), todo el esfuerzo de mercadeo y venta pasa por nosotros solos, o por nuestro canal de distribución. Sí, Amazon se encarga de mandar el libro electrónico o el libro impreso, cobrar y entregar. Y deja una buena regalía y más frecuente. No cerré con una editorial porque daba el 10 % de regalías, sobre ventas netas efectivas, computadas cada seis meses y con tres meses de retraso. Es decir, de lo que se venía enero-junio, pagaba a finales de septiembre. Y las ventas de julio a diciembre eran los pagos de marzo. Pero si no se vendían ejemplares, no pagaba por ellos. Y podría entenderlo. Ahora, con Amazon puedo recibir hasta el 70 % (en la mayoría de los mercados; en otros, el 35 %) cada mes, pagado hacia la mitad del mes siguiente. Y aunque sea poco lo que se recibe, es muy grato saber que la electricidad del mes se pagó con lo que se escribió en el pasado.
Pero ese es el tema: se vende poco. Aún. Autor poco conocido, sin editorial, sin muchos lectores —más allá de su círculo íntimo y algunos pocos seguidores—; en una industria que languidece en una empresa que privilegia el algoritmo con lo más vendido, incluyendo a los famosos, los que tienen editoriales y los que venden más. En ese caso, administro mi tiempo para escribir más otras cosas, incluido el Substack. Hay en el disco duro 10 libros terminados (o casi) esperando ver la luz. Y allí seguirán.



Escribir veloz.
Para mayor calidad,
calma al editar.