Y pasó lo que tenía que pasar
Lo siento, no pude contenerme
Bonjour, queridos amigos, pues bien, resulta que hace unas noches estaba charlando con un muy querido amigo escritor sobre nuestras historias, y de pronto el tema giró hacia las brujas (ya saben cómo somos los que escribimos: una palabra y se nos va la conversación por derroteros inesperados). Y justo antes de dormir, como suele pasar a los escritores desvelados, llegaron las musas traviesas y me regalaron una escena para Damiana y Javier que se sale totalmente del guion establecido.
No estoy muy segura aún de cómo encajarla en la escaleta de la novela: ¿será un capítulo tipo flashback? ¿El capítulo cero, antes del primero? ¿Una anécdota que se cuenta de ellos en el pueblo?
Tal vez termine como una escena extra que solo viva en mi cabeza y en los borradores secretos (sí, todos tenemos, no me digan que no). Pero podría servirme para mostrar cómo se conocieron mis protagonistas, o al menos para revelar un poquito más de su química, su chispa y esa dinámica con sus amigos y con la gente del pueblo que tanto me está gustando escribir.

En cuanto al avance real de la novela: va un tanto más lento de lo que quisiera; ya saben cómo es la vida real, que siempre encuentra la forma de jugarle bromas a los escritores para mantenerlos lejos del teclado. Sin embargo, ya tengo listas las 18 preguntas clave de cada capítulo para no perder el hilo de los personajes; y el tercero, que les mostré la semana pasada, ya está escrito y más o menos pulido. Poco a poco, pero va avanzando. Si voy terminando un capítulo por semana, me faltan trece semanas para acabar de escribirla; esta semana salieron dos, y tienen más de las 600 palabras que pensé originalmente. ¿Ustedes qué opinan de este avance?
Por otro lado, en el curso de literatura seguimos con la creación de mundos, y este jueves me toca dar mi exposición de investigación. En lugar de hablar diez minutos de cactus y venaditos, voy a meterme de lleno en la gente del lugar: oficios, cultura, supersticiones… y, claro, del corazón mismo de la novela. Deséenme suerte para que no se me olvide nada importante y termine hablando de cactus.
¿Y ustedes? ¿Alguna vez les ha pasado que una escena llega de noche como un ladrón y les obliga a reescribir medio plan? ¿La meten en la historia o la guardan para otro proyecto? Cuéntenme en los comentarios, que me encanta leer sus batallas con las musas rebeldes.
Si quieren seguir el avance de esta novela (y mis desvaríos creativos varios), pásense a mi Substack. Y recuerden que aquí pueden ver la entrada de hoy de Gonzalo.
Un abrazo grande, y sigan escribiendo aunque la vida les ponga trampas. Pórtense mal y hasta la próxima.


Ojo: Me avisaron de un error en las ligas. Ya quedaron corregidas.