Vendiendo libros al por mayor.
Un par de anécdotas sobre la mayor feria de libro en español.
Un buen día abro el correo electrónico y me encuentro que mi editorial, Amazon KDP, me invitab< a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, como autor.
La FIL es la segunda feria de libro más grande del mundo y la mayor en el idioma de Cervantes (o de lo que queda de él). Miles de personas se encuentran cada año, con un país y un Estado como invitados especiales, y con múltiples espacios: lo mismo salas enormes para conferencias magistrales, salones pequeños, algunas aulas para talleres y encuentros, un salón para profesionales y por supuesto libros, muchos libros: de editoriales desde las más pequeñas hasta las más grandes, y también libros de autor que pagan por sus espacios en pequeñas mesas colectivas.
También había un salón para profesionales, donde autores, agentes y editoriales se sientan a negociar tratos, acuerdos y a resolver posibles derechos de obras derivadas. No pude entrar ahí porque era previo registro con al menos 48 horas de anticipación y ya ese día iba de entrada por salida, no podía esperar más.
Por supuesto que era algo curioso que Amazon estuviera allí como editorial. Había sacado hacía poco su libro electrónico Kindle a la venta en México (yo había comprado uno en Tijuana, importado de EE.UU.) y en los organizadores de la FIL se negaron a venderle espacio como editorial. Estaba más bien en un espacio para exhibir sus lectores de libros electrónicos en un pasillo especializado… en todo menos libros. Discos, artefactos, muebles, lámparas de lectura, separadores de libros, libretas artesanales… y libros electrónicos con sus autores de carne y huesos.
Lo que hizo fue que en la parte de arriba del stand para la venta de libros electrónicos, habilitó una pequeña sala donde hacía sus presentaciones de libros.
No me tocó solo, éramos cuatro compañeros los que hacíamos la presentación de nuestras obras y comentando como el modelo de autopublicación en libros electrónicos era bueno para los autores. Al final logré convencer al equipo de la empresa que me dejaran tomarme una foto con mi página de autor de Amazon en la pantalla, como si hubiera sido presentador solista.
Por supuesto esa foto me ha acompañado en muchas partes como un recuerdo de a dónde quiero llegar. Mi meta por supuesto es poder llenar el auditorio principal de la FIL con miles de lectores atendiendo alguna presentación de uno de mis libros.
Tal vez tarde mucho en lograrlo, tal vez nunca lo logre, pero me queda claro que es una meta a conseguir. Mi siguientes dos visitas serán en una presentación propia, ya no compartida, y otra en el aula magna.
Me llamó la atención ver pasar uno de mis autores favoritos y estuve a punto de salirme de mi panel para gritarle desde el piso alto que subiera a vernos. No lo hice por ese miedo al que dirán y porque estaba en una presentación con más personas, lo que podía parecer rudo. Pero fue una de esas emociones especiales de “aquí está y no lo pude ver”. Pese a ello, volteó a vernos como llamándole la atención que hubiera un salón en la planta alta de un local. Digamos que cruzamos miradas y poco más.
Algo muy emotivo: en el aeropuerto de camino a la FIL, mi buen amigo Ricardo Monroy me avisó que ya había terminado el disco que había hecho basado en mi novela Clara Sandra Solía Soñar. Justo terminó de sonar la última canción cuándo me bajé del taxi en la puerta de la FIL. Fue muy emotivo pensar que llegaba allí con la obra de otro artista inspirada por mi trabajo. Gracias, mi amigo fiel por el regalazo que fue Liminal y por recibirlo en ese día.
Mi primera visita a la FIL en realidad ocurrió para presentar un libro. Pero iba como comentarista de un editorial, así que pues tenía que decir cosas buenas, fuera lo que fuera el texto. No era malo, pero muy técnico. Ya saben: habitación de lujo frente al recinto ferial, llegar un día antes y salir hasta la noche, y tener personas queriendo hablar conmigo. Un nivel diferente al de ser autor autopublicado. Y era muy emotivo estar ahí porque justamente fue el primer día del gobierno de Peña Nieto.
De hecho, vi su discurso de toma de protesta presidencial entre algunos de los stands que tenían televisiones y noticieros y en una sala que pusieron para que se pudiera ver el momento. No sabía que, varias semanas después, me integraría a ese gobierno para hacer realidad la estrategia número 1 de su lista de prioridades. Pero eso… es otra historia.
Importante es que pude ver ese mercado masivo de libros, las ventas al por mayor, los grandes contratos, autores famosos y las pilas de libros que nadie compra, porque a pesar de estar bien escritos no se conoce a los autores y no llama la atención el título o la portada; y aquellos que literalmente se estaban arrasando, en buena medida por mercadotecnia de las grandes editoriales.
Y algo que me pareció muy triste: en algún momento caminando en los pasillos vi pasar un tumulto de gente que iban siguiendo a un youtuber que iba a presentar su primer libro. No un autor, un youtuber. Y ahí me di cuenta que la creación de contenido era el futuro, pero no era precisamente de los autores.
Fue en ese lugar en que descubrí lo que era la venta de libros al por mayor.
¿Cuántas horas escribes?
Platicaba esta mañana con una querida colega escritora. Anoche comentábamos que es complicado cumplir con los propios plazos de escritura. Ella se había comprometido —ante sí misma— a terminar el primer borrador del primer capítulo de su nueva novela. Y entiendo que la soltó a las 11:55 de la noche. Tarde, pero a tiempo. Y que usaría esta mañana para ha…



