Un día normal.
Sí, aunque suene absurdo.
Preguntaba con unos amigos cómo se sienten estos días. Me dicen: “Es un día normal, sin nada que comentar”.
Entonces me entra la idea de que no hay algo así como un día normal. Cada uno tiene su magia y su valor interno importante, si estás atento.
Por supuesto, no todos lo ven así. Para algunos, darle de comer al gato es simplemente una rutina más para el día a día. Para otros, es la posibilidad de contemplar un pedacito de fiera salvaje guardado en tu casa, que más o menos te hace caso, y que espera algo de ti. Es una creación de la Madre Naturaleza a tu cuidado.
Y eso parecería algo sencillo y normal, pero la verdad es que es algo extraordinario… si estás atento. Es un buen día para brillar en lo personal.
Hoy amanecemos con la noticia de que los Pumas de la UNAM jugarán una final del fútbol mexicano, contra el Cruz Azul, con posibilidad real de ganarla. Avanzaron tras vencer ayer al Pachuca, pese a que venían con una diferencia de un gol en contra en el partido de ida. Con empate en el marcador global, avanzaron por mejor posición en la tabla general. Pasaron “de panzazo”, con el mínimo esfuerzo. Sin embargo, es un buen resultado para su afición. No fue con mucho honor o garra, pero al menos positivo.
Al menos para quienes somos aficionados a este equipo, es por fin una oportunidad de disfrutar un triunfo que hacía lustros nos habían negado. Piensen que su última victoria fue en 2011. En ese año ganaron su último campeonato. Vaya que ya teníamos años esperando este día.
Una muy querida amiga me dijo: “No sabía que eras Puma”. Yo lo contesté: “Es que no los habías visto ganar en años. Así, ¿cómo para qué presumir esa afición? Mejor te presumo al bicampeón del béisbol, Diablos Rojos”.
Quienes, por cierto, sostuvieron una serie de tres partidos contra su archirrival, los Tigres (antes Capitalinos, hoy de Quintana Roo), en lo que era la serie clásica del béisbol mexicano, una guerra civil. Pues al final ganaron los Diablos 5-14 el viernes, 7-10 el sábado y 7-15 el domingo. Serie abultadamente ganada.
Por lo mismo, hoy estoy particularmente alegre. Eso hace que esto no sea un día normal, sino uno muy especial.
Pero el otro lado, algo como el fútbol, es verdaderamente intrascendente. Decía Juan Villoro que “el fútbol es la cosa más importante de las cosas menos importantes”. Y apabullar a un rival por paliza en tres juegos le quita lo emocionante. Contrasta con el último partido que fui a ver en el Estadio Alfredo Harp (y que les conté aquí). Un 5-5 al final de las 9 entradas, que se volvió un 9-5 en la décima alta para acabar 9-10, con victoria colorada. Un estallido de emociones.
Estamos a unos cuantos días de que empiece la Copa del Mundo, de la cual algunos partidos se disputarán en mi país y una parte de ellos, incluyendo el partido inaugural, en mi ciudad.
El ánimo no es precisamente el mejor, particularmente porque el gobierno de la ciudad ha creído que pintar los puentes peatonales de morado y decorar con alebrijes, serpientes emplumadas y ajolotes los cruces de algunas avenidas principales es lo que necesitamos para disfrutar el Mundial.
Olvídense de un transporte adecuado, de que no haya inundaciones, de que la seguridad mejore. Incluso que el acceso al Estadio Azteca sea fluido y adecuado. Nada de eso es importante. No, con pintar todo basta.
Porque para ellos el día de la inauguración del Mundial será un día normal, salvo porque habrá más tráfico. Y ya nos pidieron que “los habitantes no salgan, para que los turistas puedan disfrutar la ciudad y los partidos”. No, pues gracias por el evento.
En fin, hay algunos que no entienden que no entienden. Para otros, simplemente estar atento a lo que nos trae cada día es una gran oportunidad de disfrutar la vida, incluso haciendo lo cotidiano.
Y ahora, permiso, que ya me toca servirle su leche a Bicho. O, tal vez, un poco de champán, para festejar el triunfo de los otros felinos que también queremos.



Volviendo especial
cada día vivido
desde el asombro.
Voy AZUL... aunque no ganen... y también felinos, aunque hayan perdido el juego y su esencia al dejar la capital... Ese no fue un día normal... :-(
Saludos Gonzo...