Días casi perfectos
“Muchos días de estos”, pide el buen deseo.
Hay momentos en la vida que parecieran casi perfectos. De esos que, cuando revivas tu vida en esa visión que se supone tienes poco antes de morir, seguro aparecerán de manera destacada.
Ayer fue uno de esos. Para quienes me conocen personalmente o a través de mis escritos, saben que hay tres cosas que disfruto mucho: estar con mis hijos, el béisbol, en especial si es en el estadio viendo ganar a los Diablos Rojos del México, y las películas de Star Wars.
Hace años que el equipo de Diablos tiene una alianza con Disney para celebrar el 4 de mayo el Día de Star Wars. Ya saben, porque la frase May the Force be with you suena bastante a May the Fourth, 4 de mayo en inglés.
Cada año presentan una playera temática nueva con elementos de Star Wars incorporados al uniforme de Diablos; por supuesto, incluyendo la mítica M garigoleada y con colita de diablo que identifica al equipo, y algún personaje del universo de Star Wars. En este caso fue el Mandaloriano para las camisas de uniforme completo, y Grogu, el baby Yoda, en las de manga corta y las playeras.
En el estadio Alfredo Harp caben poco más de 20,000 personas. Ayer, a la tienda entramos más de 7.500; el 37.5 % de los asistentes al juego estuvimos ahí en la tienda. Por supuesto, no todos compramos, porque el precio de una playa original no es precisamente bajo. Unos $2,000 (equivale a 110 dólares aproximadamente; pero cuando un boleto puede conseguirse por menos de U$10, gastar once veces eso en ropa puede sonar excesivo).
Pero lo notable es que, si bien conseguí los boletos casi una semana antes, nos tocó hasta arriba, en el límite central del jardín izquierdo, casi al centro del estadio, en el último bloque de la tribuna. Fue, para efectos prácticos, un estadio totalmente agotado.
Y digo “nos tocó” porque me pudieron acompañar dos de mis hijos y una de mis hijas, mi yerno y el mejor amigo de otro de mis hijos.
Fue una tarde realmente memorable para todos. No solo porque el equipo terminó ganando un partido que iba empatado a cinco carreras en la novena entrada, que iba 9 a 5 al final de la décima alta, para cerrar 10 a 9, incluyendo tres home runs en el último turno al bat de los Diablos. Una épica remontada con tres home runs consecutivos y con casa llena y un out al final.
Además, me acordé de mi abuelo Javier, el bisabuelo de mis hijos, que estaría muy orgulloso de haberlos visto a todos juntos, disfrutando el deporte que tanto amó, apoyando el equipo que apoyó por años, yendo a todos los partidos de local con la porra de la Marabunta Roja. Es decir, éramos tres generaciones unidas.
Star Wars. Béisbol. Mis hijos juntos. Todo en el mismo lugar y momento, viendo un partido emocionante hasta el final con una épica remontada de mi equipo favorito. ¿Ven por qué fue un día casi perfecto? Y por eso, al salir del estadio, me dijeron mis cachorros: “Papá, muchos días de estos”. Como si fuera una fiesta de cumpleaños a la que habíamos acudido.
Y sí, fui muy feliz.


