Se acerca el 300.
Y habrá que hacerlo épico.
Hace algunos meses abrí una cuenta de Substack pensando que sería una gran red social. En su momento estaba esto bastante desolado, había principalmente creadores en inglés, y decidí abandonarla.
Algún tiempo después redescubrí que había manera de hacerla crecer y le entendí bastante más al modelo de esta red naranja. Por supuesto, contrastaba mucho con otras redes como X, donde he publicado más de 250 mil tweets, o incluso en mi propio blog anterior, Dichos y Bichos.
Y a final de cuentas, me he encontrado una comunidad mucho más activa. Me integré a un buen grupo de creadores de contenido y, si bien a ratos me cuesta trabajo seguirles el paso.
Ya que la mayoría están en España, es bien complicado ver un mensaje de “buenos días, hoy haremos…” cuando a ti te dan las 11 de la noche. O que programen un taller en la hora en la que yo estoy en la oficina, pero ellos ya están libres porque ya es en la tarde-noche. Fuera de eso, no me lo pierdo: todos los días procuro revisar algo de lo que comentan mis colegas.
Y en el mes que inicia hoy, me haré el hábito de hacer algunas de las tareas que recomiendan para tener más y mejor público en Substack.
He generado una numerosa comunidad a la cual puedo acceder vía correo electrónico todos los días. Nos dejan comentarios, sugerencias, ideas en esta plataforma; pero también escriben correos e incluso me han llamado con algunos comentarios sobre las entradas que hemos hecho.
No todo es miel sobre hojuelas.
Por supuesto, escribir diario ha implicado que a veces hable bastante más de cosas cotidianas y del día a día que de herramientas útiles o del proceso creativo. Y está bien, porque es parte de lo mismo: compartirles una idea, así sea cruda o poco detallada cada mañana, les está sirviendo a muchos de ustedes. Sea como divertimento o para plantearse preguntas importantes, es decir, filosofar.
Algo que me ha parecido fundamental es no romper la racha diaria.
Esta semana cumpliremos 300 entradas consecutivas escribiendo para ustedes y con ustedes. Estoy pensando qué haré para conmemorar esa entrada 300. Muy posiblemente haremos una sesión en vivo con video.
Porque, como saben, hasta ahorita los jueves tenemos audio a partir del programa de radio en el que participo. Y hemos hecho un par de entrevistas o talleres en vivo, particularmente con David Domínguez 🎩, pero algo en solitario no lo he hecho.
En algún momento, mi gemelo José Luis Santisbón me propuso que hiciéramos un podcast que sería una muy interesante plática entre ambos y creo que podría funcionar muy bien.
Sin embargo, en su momento yo no tenía tiempo; ahora él es el ocupado, además de que, claro, hacerlo amateur no pinta muy bien y hacerlo profesional cuesta más dinero del que teníamos disponible para este proyecto.
Pero el punto es que las ideas como esas no se abandonan, siguen latentes y podrán recuperarse tarde o temprano.
Los lectores opinan.
Lo más importante es que a ustedes, como lectores, como consumidores de mis materiales, les sirva de algo, les sea útil. Que aprendan y se diviertan a la vez. Que les ayudemos a reflexionar… o, al menos, sirvamos de mal ejemplo.
Así sea como me escribió una lectora: “Ya sé que cuando llega tu correo de la 1:45 es momento de que deje de cocinar o detenga todo lo que estoy haciendo y vaya por los chicos a la escuela. Por eso, un retraso tuyo en los correos me pasa a desacomodar mi día”. Y bueno. Perdón. Que en 300 días, van 3 retrasos, uno de ellos por culpa mía y dos fallas en la red.
O hay quien tiene el hábito de leer una vez a la semana, eso sí, todas las entradas y no deja de comentarme al menos dos. “Perdón, pero eres una lectura que me relaja mucho y tus textos son breves y al grano. No hay un correo en el que no me sienta identificado con lo que dices. A veces, para enojarme, como cuando le ibas a Pumas y yo soy cruzazulino. Pero me encanta leerte; aunque sea una vez a la semana, no me pierdo ningún texto”. Gracias por estar, aunque la frecuencia de lectura sea distinta a la de escritura. Se vale.
Y ni qué decir que uno de los días más comentados es el martes en que tenemos invitados, principalmente Hannelore Adler Gailwain. ¡Ah, cómo les gustan sus textos! Y hay veces que hasta podría sentirme celoso, de no ser porque esos martes yo publico con ella y también es uno de los picos de su quincena en su Substack. Y les cuento un detalle importante: aunque no lo crean, no nos conocemos en persona. Todo nuestro trato ha sido por otros proyectos y vía redes únicamente. Habrá que ver qué pasa el día que se acabe ese trato exclusivamente digital.
En resumen, gracias por estar.
Distintos hábitos de consumo; lo significativo es que están presentes, que deciden que lo que ponemos aquí todos los días les llena, les entretiene, les divierte, les hace aprender algo y reflexionar un poco.
Y sí, para muchos de ustedes ya se volvió un hábito diario, lo cual agradezco bastante. Otros pasaron alguna vez y no volvieron, pero tampoco se han eliminado de la lista. Ya les llegará algún correo o, cuando depuren sus correos, decidirán darse de baja. Lo único que sí, en mi lista de tareas diaria, esta es una de las que más disfruto hacer.
Así que preparémonos para el texto 300. Y lo que sigue para cumplir pronto este primer año en Substack de manera consistente.

