Repensar las cosas.
Siempre hay que pensar; a veces, repensar.
Hay algo malo en estar analizando todo el tiempo. Ves un partido de futbol americano, ya estás pensando. Una película cómica, le metes análisis. Un documental de época; ya brinca el error. Lees un texto propio… y está perfecto, hasta que ves que no lo está. Un texto ajeno, y entiendes por qué le va mal a esa persona. En fin.
Vimos, como otros 130 millones de personas, el Super Bowl. Me pareció un partido con mucha defensiva, lo que se traduce en pocos puntos y festejar más las jugadas excelentes que no se lograron que las buenas que si se concretaron. Cuando el pateador es responsable de 5 marcajes de puntos y la defensiva de una, siendo apenas una anotación de la ofensiva, no es precisamente un juego divertido. Pero ganó el equipo al que le iba. Y como le dije a mi hijo menor: “¿Notaste que los dos equipos son del norte, pero uno de la costa este y otro de la costa oeste; y que uno tiene un personaje de la época colonial cuando el otro tiene un elemento religioso de las culturas amerindias…?” Para recibir un “ajá” y que siguiera viendo el juego de su celular y no el de la pantalla gigante.
Del show del medio tiempo de Bad Bunny, solo diré (citando a mi estimada Carla E. Ureña): “¿Qué cosa hay más latina que ir a una boda sin ser invitado (y sin llevar regalo)?”. Lleno de simbolismos, con una gran producción, pero que algo me quedó a deber.
Fui a ver la película “¿Quieres ser mi novia?”. Me pareció mejor que su antecesora: “¿Quieres ser mi hijo?”. La química entre Paleta y Zurita es muy buena. Pero las situaciones que viven, desde el rechazo social por la diferencia de edades (ella es casi 20 años mayor que él) y el tema laboral (que el éxito de ella afecta su vida amorosa), me parecieron cercanamente dolorosas como para entregarme a la simple comedia.
También vi “Bendito corazón”. Una película hecha con pocos recursos monetarios (y actorales y de ambientación) que, sin embargo, ha logrado atraer un público numeroso. Cuenta, de manera simple, la llegada de la devoción del Sagrado Corazón de Jesús a México en la época virreinal. Simplista y hasta fallida, le ha tocado una fibra a cierto público que la ha tenido en quinto lugar en las películas más vistas en el país, y que incluso Netflix ya compró sus derechos para distribuirla. Podría ser mejor, pero me gustó su ruta de creación: con pocos fondos desde un estado, y hablándole a una parte que suele estar olvidada en las comedias chilangocéntricas para clase media alta: es un devocional para personas de ciertas zonas del país, escrita, dirigida y realizada por un cura. Eso no es común. Pero en un país con 75 % de católicos, debería ser más abundante y no algo atípico.
Eso sí: que el supuesto alcohólico redimido rompa una botella de cerveza, cien años antes de que se vendiera cerveza embotellada en México, en vez de una botella de vino, te demuestra el descuido en la realización en algo que sí estaba al alcance de la producción y que le hubiera dado más verosimilitud al proyecto.
En fin, que mañana les contaré de los otros dos temas. Los espero. Y gracias a los nuevos suscriptores de paga y gratuitos que nos acompañan desde esta semana.



Qué difícil es
vivir sin sobrepensar
cada pequeñez.