Propones, sugieres… pero no ordenas.
Es la parte complicada de ser editor.
En el texto anterior les comenté que el trabajo de editar tiene sus bemoles, y a la vez tiene sus partes interesantes. Que en ocasiones un punto o un correo pueden complicarte la relación con un cliente. Y que es una tarea que me gusta hacer.
Un buen trabajo de editor tiene sus partes complicadas: te sabes las reglas ortográficas y gramaticales. Sabes que se usan tres puntos, no seis o cuatro. Que una interrogación o exclamación tiene un símbolo de apertura y otro de cierre. Que se recomiendan comillas dobles para abrir y cerrar una expresión, y que se usan comillas simples si dentro de esa cita hay otra cita o una palabra en especial, típicamente en idioma extranjero o similar.
También puedes determinar si a una frase le falta fuerza, si hay un sinónimo más preciso para transmitir la idea. Si un párrafo es muy largo o muy corto; si una frase es adecuada o puede sugerirse una modificación.
Lo que sí, un buen editor sabe que propone, sugiere… pero no ordena. El Autor (así con mayúsculas) es la máxima autoridad en su texto. Lo que él dice, prevalece. Aunque sea una violación flagrante de las normas gramaticales. Si la Real Academia Española se infarta, que lo haga; podrá acusar al escritor de violar las reglas, ser poco pulcro y carecer de esplendor. Pero es su obra.
En ese sentido, uno como editor tiene que entender que tiene la pluma roja en la mano, pero la cita en la boca: podrá defender su propuesta y sugerir qué hacer, pero es el autor el que tiene la última palabra sobre su texto.
Hay autores que me dicen: “Haz lo que quieras, todos los cambios que sugieras, son bienvenidos”. En una obra que estamos editando estos días, la autora me dijo: “Te mando estos párrafos. Ponlos en el capítulo 2, donde quieras. Confío en que mi editor les encontrará el lugar exacto”.
En otro texto, añadí lo que parecían frases a tono con lo que se transmitía, y que aclaraban el sentido. Me dijo la autora: “Es un poema. Intencionalmente lleva esas frases así, incompletas. Para que el lector lo complete como lo sienta”. Solo alcancé a decir que estaba bien, si así lo quiere. “Yo soy más de la escuela de Isaac Asimov: puedo trabajar bien con 9 de 10 de las categorías de Dewey. Con la poesía no me meto”. Y ni como autor: tengo poco material poético, aunque algunas páginas de prosa sean mejores que muchos poemas de otras personas.
Recientemente, alguien me buscó en Amazon y, de los resultados obtenidos, le brincó un tabique de más de 700 páginas. “Crónicas Trumpianas”, el último libro de Jorge Berry. Una reseña de su primer gobierno, que publicamos en marzo de 2023, en preparación a la segunda campaña que se veía venir. Murió en julio de ese año, antes de que pudiéramos promocionar el libro. Pero las charlas y discusiones sobre ese texto nos llenaron varios meses y dejaron su autobiografía casi terminada. Creo que es la obra más completa que me ha tocado editar.
Y les insisto: si tienen algo que requiera edición, pueden contactarme y encontraremos una manera de ayudarles, sea puliendo el texto, armando el libro, o el camino completo de la idea al papel o la pantalla. Sepan que sabré sugerir y también cuándo guardar silencio y respetar el criterio de mis autoras y autores, que tengo claro que esa es parte de la labor de un editor.



La pluma roja
bailando sobre el papel
aterra al autor.
"Hablando se entiende la gente" se suele decir.
Tiene que ser complicado juntar dos mentes creativas y ponerse de acuerdo, entiendo que habrán escritores que dejarán más libertad al editor y otros querrán microcontrolar absolutamente todo...
Te admiro compadre