El trabajo de editar
Difícil para uno mismo, pero…
Quien ha leído mi biografía en redes lo ha visto, aunque tal vez no lo sabe: “GJ, Gjsuap. Leyendo, pensando, escribiendo… No necesariamente en ese orden. Autor, bloguero y editor. http://gjsuap.com http://gonzalosuarez.com”. Vamos por partes: Gj, Gjsuap retoma el primer nombre de usuario que tuve en Internet: Gjsuap. Y es un juego de palabras que replica la típica presentación del mejor agente secreto del cine: Bond, James Bond. Porque si hay alguien con presencia, agilidad, refinamiento y eficacia en su tarea, es él. Así que imitarlo es no solo un homenaje: es un modelaje. Sin lo de espía. Por supuesto, el juego funciona mejor en inglés: “Gee Yei, Gee Yei Suapp”, que suena muy festivo y alegre. Como el “Go-zalo” en español. En fin.
“Leyendo, pensando y escribiendo… no necesariamente en ese orden”. Se refiere a que disfruto leer, pensar y escribir. Pero no siempre pienso antes de escribir (o peor, de publicar). Y a veces leo mucho de muchos temas antes de empezar a volcar ideas sobre otros asuntos. Y debo reconocer que a ratos leo y no me acuerdo de emoción o idea alguna: repaso los textos con los ojos y ya. Por eso el “no necesariamente en ese orden”.
“Autor, bloguero y editor”. El primero es claro e incluye este mismo texto que estás leyendo, libros publicados (la mayoría en Amazon). Artículos en periódicos y revistas; algunos que datan de años y otros (como la página de Cruz González) que llegaron este mismo año. El segundo es todo lo que se publica en Internet únicamente. De manera especial, el blog Dichos y Bichos, ya con 16 años de existencia. Una eternidad en tiempos del Internet. Que, además, es uno de mis esfuerzos en redes. Contaba que ya voy por las 14,000 entradas en total, la mayoría con seudónimo o como escritor fantasma.
Pero lo de editor… Esa es la tarea más complicada y satisfactoria que alguien puede poner en mis manos. Hacer de los manuscritos de otras personas algo bello y útil. Ayudarlos a concretar su sueño de tener un libro en las manos. A veces, es para obtener un grado académico (las famosas tesis). Otras, porque hay una idea que transmitir. No faltan los que lo hacen por divertimento o por aplauso al ego. “Tengo un libro publicado; soy autor” es algo que le he visto a más de un autor con el que he trabajado. Los entiendo, pues.
Hay por allí algunos libros que he editado de más de 800 páginas. Un par que ayudaron a cumplir sueños de vida. Unas antologías de cuento que no tuvieron éxito comercial aún, pero que tienen enormes relatos.
También debo confesar algunos fracasos, como aquella clienta que se molestó porque su libro salía con un punto final en el título. Más de 20 horas tratando de corregirlo, pero era un fallo en el software de Amazon. El montaje del resto del libro me tomó menos de dos horas. Pero tratar de encontrar cómo quitar el punto… No lo logré. Al final, perdí la clienta, terminó publicando su libro con otra persona… Y no le fue muy bien. Porque justamente el uso del software de Amazon es el que permite que un libro puntee alto dentro del algoritmo como punto de partida. Unas por otras, pues.
O el otro gran fracaso: un libro urgía para cierta fecha. A fin de completarlo, lo trabajé en un vuelo a Tijuana. Terminé a tiempo y bien. Lo mandé por correo… Y nunca llegó. Al final, no supimos si se perdió en mi correo de salida, en el tránsito o a la llegada. Pero ella, sabiendo que es un trabajo arduo y difícil, no me quiso interrumpir, y para cuando el tiempo se le agotaba, yo estaba en una zona sin comunicación. Allí aprendí a confirmar por distintas vías la remisión de un trabajo.
En fin, que somos humanos y todos muchos cometemos errores. Pero el trabajo de los editores es evitar que se vayan esos errores noten las fallas. Y tener el libro terminado, a tiempo y bien, listo para imprimirse publicarse. Así que, si estás pensando en escribir, editar o publicar un libro, avísame, que posiblemente algo podamos hacer juntos. ¿Vale? ¿Te parece? ¡Quedas invitado!



Editar textos:
produciendo perfección
desde el corazón.
No siempre es fácil estar tras quien crea, pero sí que siempre da grandes recompensas personales ver que les has podido ayudar, sobre todo cuando ves la ilusión que ponen en lo que hacen y en el resultado del trabajo conjunto.