Planear y dejar fluir
Porque a veces los planes no se logran
A veces haces planes muy elaborados de lo que quieres hacer en tu futuro. Qué pretendes hacer, con quién, cuándo y cómo. Pero luego no se logran concretar.
A ratos piensas lograr una cosa en tu vida, alguna meta importante, algo que quieres lograr… y de repente sucede sin que tú estés presente.
Sí, es algo triste, pero sucede. Es incómodo tener que vivir esa sensación. Del otro lado, hay cosas que pasan sin que las planees; simplemente, están las circunstancias y ocurren. Tienes una expectativa y se cumple de manera diferente.
Planear la vida a detalle es una mala decisión. Vivirla sin rumbo también. Hay que cuidar ese balance entre lo que quieres hacer, lo que pretendes lograr y qué pasos tienes que hacer para llegar a ese resultado.
De repente llega una gran oportunidad. Una opción de negocio, un nuevo proyecto, algo que promete ser exitoso. Pero pasa el tiempo y no se logra concretar. Cambia las circunstancias. El elemento que estaba firme se vuelve volátil. Lo que era gratis cuesta, y no poco dinero. Las dificultades se amontonan de un lado y del otro. La idea se marchita, el plan se muere.
Y sí, hay veces que dices: “Esto no se va a poder hacer porque…” (E insertas un pretexto válido, pero pretexto al fin), y luego cambian las circunstancias y sucede de otra manera; a veces haces un plan de largo plazo: “En 18 años vamos a estar haciendo esto y eso y aquello tras haber logrado eso y esto y aquello…” y ni 8 años después las cosas han cambiado lo suficiente para que ni siquiera sea viable esa propuesta.
Así que hay que tener esa flexibilidad suficiente para dejar que la vida acomode las cosas, pero con algo de planeación, para que no seas llevado al garete. Ya lo decía Séneca en una de mis frases favoritas:
No hay viento favorable para el que no sabe a dónde va.
Y otra frase similar que dice:
Los barcos están seguros en el puerto, pero no fueron hechos para estar allí.
A final de cuentas, esperar que todo lo demás fluya exactamente como lo planeaste es la mejor manera de llegar al fracaso. Por lo pronto, hoy toca adoptar la vida como viene, abrazarla, disfrutarla y, como dice una persona muy querida: “La vida es solo una y hay que vivirla”. Así que, si no se abre el paracaídas, ya caeremos al suelo. Mientras tanto, a disfrutar el vuelo y tomar la vida como llegue.
Lidiar con la indiferencia
Platicaba con un amigo que es escritor; de hecho, creo que es mejor novelista que yo, pero actualmente trabaja en un área de atención al público donde la mayor parte de los textos que escribe son para atender quejas de clientes.




Saludos, Gonza, gracias por esta capsulita de sabiduría al estilo de Séneca. A veces sabemos a donde vamos y a veces nos dejamos llevar por la corriente. No se trata de quedarse anclado por miedo, ni de soltar todo al azar; es cierto, a veces necesitamos soltar un poco y dejar fluir, aunque sintamos que la vida transcurre sin nosotros.
Sin embargo, hay algo liberador en aceptar que a veces el plan se marchita y, aun así, el viaje sigue valiendo la pena. Aquí es cuando debería añadir una de esas frases de taza motivacional acerca de la resiliencia, pero la verdad es que la vida es en muchas ocasiones un caos caótico y ya.
Y aunque dicen que el hombre propone, Dios dispone, llega el Diablo y lo descompone, me hiciste recordar esas veces en que nos empecinamos en un mapa detallado y la vida de repente, nos pone un desvío que termina siendo más interesante de lo imaginado.
Claro, es muy fácil decirlo para una unicornia que lleva años viviendo un día a la vez y cuya mayor meta a largo plazo fue ver a sus hijos titularse de la universidad. Sin embargo, entiendo tu dolor de ver ese plan de dieciocho años que siguió su camino mientras tu barca seguía amarrada en puerto.
Gracias por escribirlo con tu estoicismo acustumbrado. Gracias por mostrarnos este momento en el que nos muestras cómo cambian las circunstancias y aún así eliges abrazar lo que llega. Cada nuevo proyecto, cada nueva meta es un salto de fe, muchos pasamos años remendando el paracaídas y añadiéndole metros de tela y nunca saltamos. Gracias por recordarnos ese valor que se necesita para seguir avanzando día con día a pesar del miedo de que el paracaídas no se abra.
Un abrazo de unicornia.