Lidiar con la indiferencia
Lo más triste de ayer…
Platicaba con un amigo que es escritor; de hecho, creo que es mejor novelista que yo, pero actualmente trabaja en un área de atención al público donde la mayor parte de los textos que escribe son para atender quejas de clientes.
Le decía que sería prudente que deje eso y se ponga a escribir más novelas, particularmente por un par de ideas que me contó que tiene en mente. Me dice: “Pues sí, pero es lo que hay. Tú sabes que de eso no se vive”. Y tiene razón.
En cambio, le conté que yo había estrenado la obra de teatro antier y me dijo: “Al menos se ve que estás feliz, que tienes buenos resultados y que a la gente le gusta lo que haces”. Y es cierto. Pero…
Entonces le tuve que contar. En efecto, me gustó verla; me emocionaron mucho algunas escenas. Ver tus diálogos actuados fue realmente arrebatador.
No todo fue perfecto. Ciertamente no.
Lo más triste fue ver la indiferencia del público. de algunos de los actores que dieron sus líneas como la obligación escolar a la que los forzaron y no como algo que quisieran hacer. Algunos papás que estaban más atentos a su reloj, queriéndose ir, que enfocados en la obra que tenían, aunque sus hijos salieran a escena.
Algunos otros que se veían tan molestos e incómodos porque su hijo tenía “pocas líneas”. Oí algunas quejas de que “los bailables fueron muchos y muy largos”, a pesar de que fueron 2 números de cinco minutos o menos. Pero la idea es que toda la escuela participara, aunque no tuviera un personaje. En fin, no fue el público más receptivo.
Del otro lado, cuando al final les pude explicar un par de cosas, me quedó claro que nos faltó más dirección para dar golpes efectistas con los diálogos. Es decir, como los actores los decían rápido y hacia atrás del escenario, en lugar de lento y hacia el público, y no paraban tras un diálogo importante, no daban tiempo a que se entendieran los chistes y se rieran. O a que entendieran las referencias históricas o culturales profundas. Temo que también nos faltó algo de educación al público antes de la obra. Porque la aclaración de que era “anacrónica” no la entendieron hasta el final, y por eso algunas de las quejas de que “¿por qué mencionan los autos eléctricos chinos en una obra sobre los aztecas?” o “¿qué tiene que hacer Perisur en esto?” les quedaron claros… después.
Y es normal, fueron a un festival escolar, no a una obra que quisieran ver.
Al salir, veo anuncios de obras de teatro de Broadway que van a estar una semana en la ciudad, una semana una y a la siguiente otra, y se me antoja irlas a ver. Luego, volteo a ver los precios y digo: “¡Uy, pero no podría ir solo, porque no se disfruta igual, pero no puedo ir acompañado, porque a estos precios no me alcanza!”.
Entonces veo carteleras de obras de teatro amateurs que están muy abandonadas por el público, porque lo mismo, “coopere lo que guste, pague al salir”, no deja tener una nómina clara para cuánto se va a hacer, y hacer escenografías y vestuarios con poco presupuesto hace que la obra no amerite que el público vaya.
Además, todas las horas de preparación del guion, de la revisión, el gasto de la impresión de cinco versiones más las copias para la compañía, en un trabajo que se hace por el puro amor al arte, no deja para vivir, mucho menos para vivir bien.
Claro que la emoción de ver tu obra puesta en escena es algo que vale la pena recordar y tener en mente.
Pero a la vez es algo triste ver que no se puede crecer en esto. Porque si hasta los chamacos que están en la obra no la disfrutan y son indiferentes, y los papás también, pues siento que la cultura teatral es algo que se está muriendo.
La inmediatez de las redes, su disponibilidad y bajo costo nos hace enfocarnos más en eso que en cosas más profundas. ¿Para qué ir al teatro a pagar miles de pesos, si puedes entretenerte en tu celular? ¿Para qué ir al teatro si puedes ir al cine por la décima parte del costo?
Así es, y por ello la urgencia de apoyar a los autores, a los actores, de generar más público, de tener más lectores y de hacer que las cosas sean diferentes. No porque “todo tiempo pasado fue mejor”, sino porque la cultura es todo lo que hacemos los humanos, no debemos dejársela ni a la A.I. ni a las corporaciones con fines de lucro exclusivamente.
Debe haber soluciones, y trabajaremos en ellas. Espero que nos puedan acompañar en ese proceso. Y perdón si hoy sueno más pesimista que de costumbre, pero ando desmotivado, sobre todo, por la indiferencia por lo de ayer.


