Otro día al aeropuerto.
Porque hay momentos de rutinas que no lo son tanto.
Sí, cada día tiene sus rutinas que no se mueven. Despertarte, bañarte, lavarte los dientes, desayunar, tomar algunas medicinas, trabajar un rato; por supuesto, escribir este texto diario y así.
Pero también cada día tiene sus propias dificultades o diferencias. Hoy hay que ir al mercado y mañana toca preparar el radio y el sábado hay que acompañar a los hijos a sus clases de artes marciales, el domingo la misa y así.
Cada día tiene sus propias rutinas. Sin embargo, esta semana me trajo algo especial. Tres visitas al aeropuerto con tres motivos distintos.
Y si bien esto de observar aviones tiene su gracia y es un pasatiempo interesante, el acercarse a esa puerta al mundo también tiene una magia muy peculiar.
Hay por ahí un sitio que nos gusta frecuentar, el Skyline Café. Está ubicado en la cabecera del aeropuerto de la Ciudad de México y puedes ver a los aviones llegar; literalmente, te pasan por arriba. Es un buen espacio para la observación, ya que tiene una terraza techada con mesas comunes donde te sientas con otras personas.
Puedes platicar de qué aviones se van, cuáles llegan, cuál es el avión más raro que viste hoy o cuál es la aerolínea que no habías visto antes. Por supuesto, la emoción de ciertos vuelos como la llegada de Lufthansa con el livery de los 100 años, que parece una garza blanca y es hermoso. O los aviones de Aeroméxico, con los diseños de Quetzalcóatl y Kukulkán, dos ediciones especiales.
Por supuesto, está por ahí un Volaris de Raiders. Supuestamente, el avión que usó el equipo cuando vino a México a jugar. O el de Juan Gabriel, el de Pal’ Norte o incluso uno de papas Sabritas. Muy emotivo ver volar al Superman que tiene a este mítico héroe en uno de los costados del avión y pareciera que despega el personaje de ficción cuando se inicia el vuelo.
En fin, hoy tocará estar un buen rato en esa terraza en lo que espero la llegada de un vuelo por la tarde. Si andan por ahí, no dejen de saludar y, si no, es un paseo que les recomiendo. Lo atípico es que sea entre semana y no en sábado o domingo.
Una de las terrazas de observación es de acceso gratuito: puedes o no consumir o comprar un refresco de la máquina y puedes entrar a ver desde el primer piso. Hay grandes ventanales, por lo que el sonido es mortecino.
Por un módico costo que además funciona como cover, pero que te lo validan en comida o bebida, puedes subir a la terraza abierta del segundo piso o a la azotea a ver que te pasen los aviones por encima, sin techo alguno y con vista a todo el aeropuerto.
Por supuesto, la diversión es mayor si tienes aplicaciones como el FlightRadar que, desde el sitio web o desde tu celular, te dice qué avión viene, a qué hora llega, qué modelo es, ver fotos e historial de vuelo. E incluso, verlo en el mapa. Con la versión de paga puedes ver el avión en tercera dimensión o incluso la vista desde la cabina; es una chulada de aplicación que complementa muy bien este hobby. Y puedes, también, bajar aplicaciones que te permiten oír las instrucciones de la torre de control a los aviones.
Hoy será mi segundo día en el aeropuerto y tal vez mañana vaya para allá, aunque no a ese café que les estoy recomendando, sino a acompañar a unos amigos que se van. Es un buen espacio para meditar y para pensar sobre la vida.
En fin, que voltear a ver el cielo y saber qué avión está llegando tiene su parte emotiva, más cuando viene alguien que amas a bordo de él. Como hoy.
Espacios para meditar.
Hace poco tuve una larga plática con mi hijo menor y me preguntaba por qué me gusta tanto manejar. Francamente, se sorprendió cuando le dije que uno de mis motivos era que era un gran lugar para meditar.




¿Un aeropuerto… un buen lugar para meditar?
Definitivamente tengo que coincidir contigo, y más aún cuando ya estás más allá de las prisas y del estrés de una llegada o una salida.
Disfruta tu paseo alrededor de los aviones, Gonzo.
Saludos…