Nuevos Paradigmas, nueva época.
Momento de relanzar.
Algunos de ustedes ubican que este espacio, como el blog que le da origen, Dichos y Bichos ha procurado ser un espacio personal, de reflexión, más personal y alejado de lo profesional. Digamos que para separar el día a día de la oficina de la vida del individuo que lo genera.
Como saben, a quien me pregunta sobre “qué harías aunque no te paguen”, la respuesta suele ser la misma: escribir. Libros, novelas, manuales, publicaciones, tuits: juntar palabras por escrito. Es algo que he hecho desde la infancia y sin lo cual no concibo la vida. Un día en que no escribo es un día perdido.
Pero como también conocen, en Latinoamérica en particular y en el mundo en general no es fácil ganarse la vida escribiendo: por algunos artículos me pagaban $200 (sí, doscientos pesos mexicanos; menos de diez dólares), aunque tomaran de 8 a 10 horas de trabajo. Lo hacía porque eran reseñas de libros que de todos modos iba a leer, y le daban sentido. Para ponerlo en perspectiva, el libro costaba $350 y el artículo de reseña se pagaba en $200. Un subsidio de menos de la mitad del costo, apenas.
También he cobrado más de cien veces eso por un proyecto. Uno que alcanzó las listas de los más vendidos en el país. ¿El problema? Que no lleva mi nombre en la portada. Acaso aparezco en una línea de agradecimiento del autor. No está mal, porque en realidad debía ser un escritor fantasma y no aparecer para nada; así que una mención en un renglón era un gran logro. Hasta que una de las críticas más serias sobre el libro fue sobre la precisión de un dato: luego cotejamos mi original con la versión que editó la imprenta: yo estaba bien, alguien le metió mano después. Y no precisamente el autor, sino su editor “profesional”. Me devolvieron el crédito, pero…
Así que, para “ganarme la vida”, ha sido necesario escribir para otras personas. Discursos, lemas, leyes; artículos para periódicos, académicos o de divulgación. Incluso, guiones radiofónicos o propuestas para televisión. Y, sobre todo, conferencias. Muchas conferencias y presentaciones. Y, en general, con satisfacción de mis clientes y sus audiencias.
Dice un amigo, medio en broma y medio en serio, que soy un textoservidor (burlándose con el juego de palabras con “sexoservidor”): alquilo la pluma al mejor postor. Y lo acepto, pero con matices: no a todos les trabajo, hay temas y clientes que no tomo. Aunque paguen bien.
Pero lo más importante: planteamos ideas nuevas. Cosas que no se habían ocurrido antes. A veces, contra corriente. Aunque bien argumentadas. No siempre logran convencer; sin embargo, siempre motivan a la reflexión. Y me ha pasado que a veces logramos transformar la realidad y convencer a los demás de apoyar las ideas nuevas.
En fin. A lo largo de los últimos años, he atendido a pocos clientes, básicamente en privado y por recomendación. Y con complicadas “cláusulas de confidencialidad” que me limitan lo que puedo decir y hacer, o me frenaban para tomar clientes nuevos. Pero cambios legales hicieron que ese proyecto cerrara hace casi un año. Y la cláusula de confidencialidad me tenía limitado.
Ocasionalmente me dieron oportunidad de ver otros temas en ese periodo. Acotados, sin relación con mi cliente principal y por pocos periodos de tiempo. Pero eso va con mi estilo de trabajo. También reconozco un “error estratégico”: resuelvo los asuntos que nos plantean en un par de sesiones. Me decía un colega: “Wey, tu error es el mismo del médico pobre: curas en una consulta lo que debía ser un tratamiento de cinco o diez visitas. En especial si el paciente es millonario. Dejas mucho dinero en la mesa”. Será porque me gusta resolver problemas nuevos, ver clientes satisfechos y no estar a la vuelta y vuelta. Pero porque engañar al cliente es lo peor que puedes hacer.
En fin. Esta larga disertación es para avisarles que Nuevos Paradigmas, mi despacho, va a regresar al espacio público. Vamos a ofrecer una cantidad limitada de consultas. Y capacitaciones en línea. Algunas se avisarán aquí. Otras surgirán en un nuevo espacio del que les comentaré pronto. Por lo pronto, es momento de relanzar esta propuesta y están a tiempo de contar con nosotros para sus proyectos.



Hermosa tu profesión. Es una pena que la escritura no esté bien valorada, hay una creencia de que si haces un trabajo que te gusta no es tan necesario que te lo paguen bien y no es así, son cosas independientes. Y es todo un logro que tu libro haya llegado a los primeros puestos aunque no esté tu nombre.
Ideas frescas
en Nuevos Paradigmas
para tus clientes.