No encajar, a veces…
Es una sensación incómoda, pero a veces hay que vivirla.
“No eres monedita de oro para darle gusto a todos”, dice el refrán, y aunque lo fueras, posiblemente no estarían a gusto contigo.
La denominación no es la correcta, la pureza no es la adecuada, el modelo está muy viejito o es demasiado moderno; en fin, entienden la lógica.
A la entrada anterior (que está al final del texto), en que comentaba que, a veces, meditaba en el auto, llegaron algunas felicitaciones, sugerencias y comentarios. Pero también una crítica que decía que es medio imprudente que diga que eso se puede hacer, que seguro “no faltará quien lo intente y sufra un accidente por ello”.
“Es que mucha gente no va a entender que meditar en el auto no es algo adecuado; puedes causar accidentes. Das un mal ejemplo. ¿Qué te pasa? No eres responsable de lo que escribes”.
En fin, en ese tono iba la queja y vale la pena mencionarla, no porque nos guste crear polémica, sino porque entendemos que hay en esta viña del Señor muchas maneras de percibir la realidad, de entender las cosas y de llevar a cabo la práctica de la vida.
Por lo mismo, es la diversidad la que alimenta la riqueza del pensamiento y la belleza de la experiencia humana.
Si todos fuéramos uniformes y pensáramos exactamente lo mismo, pues alguien está pensando de menos y sobra. O tendrías que ser como una oveja: callar, obedecer y borrar de tu mente de inmediato lo que no guste para seguir viviendo sin mayor gracia, sin mayor impacto.
He notado más de una vez que parece que no encajo con el mundo, que lo que propongo es distinto, diferente, pero no necesariamente bien recibido. Y creo que no soy el único; sé que a todos nos ha pasado que hay momentos en que sientes que eres incómodo.
Hace poco me preguntaba alguien cuál era mi posición en temas polémicos, por ejemplo, con la Iglesia católica. Sí, de verdad la valoro y tolero todos sus errores. Estoy seguro de que no está exenta de fallas porque es una institución humana integrada por humanos, aunque tenga inspiración divina. Es una solución polémica, seguro, porque sí creo que las cosas están mal, sí opino que tienen fallas y errores, sí supongo que tienen humanos que la integran que son bastante malos, y particularmente los casos de los sacerdotes pederastas.
Pero también sé que tiene muchísima gente buena, convencida, dedicada, atenta y servicial. Que estamos ahí no los santos, sino los pecadores que queremos redimirnos y tratamos de ser mejores. Con fallas, con errores, por supuesto, con cosas mal hechas o mal manejadas, pero nunca será por falta de ganas.
Así que sí, participo activamente y con gusto en los ritos, comparto muchas de sus posiciones, pero jamás me verán defender todo lo que ha pasado y decir que es perfecta. O que es la única opción válida. Y que todos los demás son herejes irredentos que merecen castigo eterno por sus necedades.
Alguien también me decía que algunas de mis conductas son inadecuadas, impropias e incorrectas, que no está bien hacerlas y que pueden ser faltas graves a la atención de los demás. Y sí, tomo en cuenta la opinión ajena; no obstante, no al grado de cambiar mis posiciones u opiniones con base en ella, a menos que tengan pruebas suficientes de que lo que se hace está mal hecho o dañe fuertemente a alguien más.
No se vale chillar por algo que has hecho en escalas más grandes de las que dicen que te hacen en contra. Pero bueno, es parte de la conducta humana: el célebre ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio. Y vaya que esa frase no es nueva, tiene varios milenios activa y seguimos cayendo en el mismo tipo de errores.
Por supuesto, no se trata de darle gusto a todos, sino simplemente de considerar que, hagas lo que hagas, tienes que estar consciente y en paz contigo mismo. Puede tener costos emocionales o monetarios; asúmelos. Puedes ayudar a que alguien se equivoque. Será tu responsabilidad si el mensaje no ha sido suficientemente claro. Pero no los forzaste a hacerlo, así que la responsabilidad es mutua.
A la mayoría de las personas les servirá, podrá ser útil o simplemente ignorarán el texto o el mensaje y seguirán de largo. Tal vez es lo que me pasa cuando veo que algunos compañeros llegan ya en menos tiempo a miles de impactos, a mejores resultados, a más monetización, y digo: “Pues algo estoy haciendo mal, no lo logro”.
Pero del otro lado también sé que no me interesa tanto eso, que este esfuerzo es simplemente porque tengo esta vocación y necesidad de escribir a diario y de compartir con ustedes, sea uno, sean cien o sean doscientos mil lectores. Por supuesto, no me aferro a no tener éxito material; no porque diga que la pobreza sea positiva o que la riqueza envilece al hombre, sino que también sé que llegará en su momento, que no tengo por qué sufrir porque no la tengo hoy y que tengo que adaptar mi vida y vivirla de la mejor manera posible, un día a la vez.
Como hoy, que ya se hizo la meditación, aunque no manejando; que ya se hizo el ejercicio, aunque sea leve, y que ya se escribió el texto para todos ustedes. El día empieza bien. Por supuesto, los espero mañana… si es que leerme les encaja bien en su rutina diaria.
Espacios para meditar.
Hace poco tuve una larga plática con mi hijo menor y me preguntaba por qué me gusta tanto manejar. Francamente, se sorprendió cuando le dije que uno de mis motivos era que era un gran lugar para meditar.



