Me sugieren hacer cambios.
Porque lo mejor de escribirles a diario es tener respuesta pronto.
Una de las mejores cosas de escribirles a diario y compartirles cosas que considero útiles y que me pasan es poder tener retroalimentación de ustedes de manera muy pronta y oportuna.
Las dos entradas anteriores, previo a nuestro Contexto Legislativo del jueves 13 de agosto, hablaron sobre cómo ha sido mi protocolo para bajar de peso. La de 20 en 20 y la de que faltaba algo importante.
Llegó mucha retroalimentación, un par de preguntas, algunas sugerencias y algunos aplausos, que siempre caen bien. No faltó un reclamo por allí. Pero particularmente me hicieron ver una sugerencia relevante y me mandaron además ligas a documentos científicos que la soportan.
Hay que hacerles caso porque tiene verosimilitud.
La propuesta más relevante es que, antes de empezar la caminata, me exponga a la luz solar por lo menos 10 minutos. Y que eso sea dentro del lapso de 45 minutos a partir de que me despierto. Es decir, puedo despertarme, ir al baño, hacer mis oraciones y meditación y luego exponerme a la luz solar, sea por una ventana o salir a la calle y ver el amanecer. Sin moverme, sin hacer nada. Simplemente para dar la señal adecuada de que ya es de día y hay que empezar a procesar la energía presente en el cuerpo, particularmente la grasa almacenada.
Luego, a los 45 minutos desde que me desperté, empezar la caminata. Y que lo ideal es que se haga de 35 a 45 minutos. No los 20 a 25 que estaba haciendo, sino un poco más. Esto implicará alargar una vuelta más a mi circuito, nada grave; lo puedo hacer y que además empata bien con los horarios, siempre y cuando salga a tiempo.
¿Cuál es la lógica? Que precisamente una vez que el cerebro ya detectó que es de día y que hay sol, pero que se está en paz y no hay estrés o riesgo, ese ejercicio puede reducir el cortisol y permitir quemar más grasa abdominal. Esto puedo hacerlo de dos maneras: en el patio interior, en lo que hago la oración, o salir a la plaza y sentarme un rato al sol.
La tercera sugerencia es que el desayuno debe comerse al menos 45 minutos después de acabar la caminata, lo cual me da perfectamente buen tiempo para regresar, bañarme, escribir un par de textos y desayunar a la hora que les había dicho que lo hacía, pero el punto es estar más consciente de separar los horarios.
Alguien más me hizo ver que los hábitos son adecuados, pero que lo importante es ser consistente, hacerlos todos los días. Empezar a hacerlo a la misma hora, diario. Nada de que “el fin de semana me duermo dos horas más para descansar”. Que es crucial no desfasarse más de 15 a 30 minutos a partir de la hora cotidiana. Que hacerlo más tiempo genera un efecto similar al del jet lag: cierto cansancio y niebla mental a lo largo de todo el día.
Luego, otra sugerencia es que los desayunos tienen que ser altos en proteínas, es decir, que no es necesario eliminar los carbohidratos de la alimentación, siempre y cuando los haga en la comida del mediodía y no en la primera del día. Precisamente, el desayuno debe ser proteína y fibra principalmente, para apoyar ese resultado de la caminata.
Una de las sugerencias importantes era hacer más ejercicio de resistencia y fuerza. Esa todavía la dejaré en pendientes. Como veo el calendario, posiblemente sea un recurso a incluir en la lista de propósitos de año nuevo.
En fin, que probaré los siguientes 60 días con estos ajustes que me han sugerido: luz solar 10 minutos antes del ejercicio, hacerlo por 45 minutos, esperar al menos 45 minutos antes de desayunar. Ya les contaré cómo resulta después de ese 20 y 20 de estos meses.
Por lo pronto, agradezco que estén al pendiente; espero que estos comentarios también les sirvan y no dejen de dejarnos sus comentarios, ya sea aquí mismo en la entrada, respondiendo a los correos o en alguna de las otras redes sociales.
Y por lo pronto, caminando ando, que ya se nos hace noche para la siguiente tanda de ejercicio después de comer y la de la mañana siguiente.
¡Hace diez kilos que no te veía!
Hace poco me encontré a un amigo que tenía un par de meses de no ver. Su saludo, como en otras ocasiones, medio festivo, fue al grito de: “¡Hace 10 kilos que no te veía!”



