Leer en todas partes
Seguimos reflexionando sobre ese tema.
A raíz de la entrada de ayer me llegaron algunas preguntas. En realidad, una en distintas formas.
“¿De verdad es posible leer en todas partes? ¿No te parece absurdo eso de traer un libro en el carro? ¿No te molesta leer de manera fragmentada?”.
Bueno, creo que es posible leer en todas partes, aunque haya momentos para hacerlo, dependiendo del tipo de lectura a la que te refieras. Es muy posible que haya libros que requieran alta concentración, sea por sus temas técnicos o por las historias emotivas que nos narran, que será prudente leer en tiempos y espacios adecuados.
Hay otras guías prácticas y ciertas novelas que pueden leerse en pequeños bocados a la vez. Por ejemplo, Dan Brown suele tener capítulos de hasta una página nada más, pero que en cada uno avanza la historia. Sus capítulos suelen ser de 10 páginas o menos. Entonces, leer dos o tres minutos a la vez no te entorpece el conocimiento de su obra. Es una buena opción.
En mis novelas me gusta tener capítulos de aproximadamente 2.000 palabras cada uno. Para cerrar la novela en 24 capítulos, que suelen ocupar de 10 a 14 páginas, que pueden leerse entre 8 y 12 minutos por vez, dependiendo la cantidad de diálogos. Sí, suelo tener un objetivo de 50,000 palabras en total y leerse en menos de 4 horas. Me dijo un lector: “Me gusta que puedo leer un capítulo en el baño en la mañana y otro antes de dormir. No siento que avanzo poco, pero tampoco me agobia dejar un capítulo a medias”. (Ya saben que pueden verlas en mi página en Amazon).
Adicionalmente, en los libros electrónicos, particularmente en el Kindle, tienen una opción que te dice cuánto tiempo tardarás en leer el resto del capítulo o el resto del libro, lo cual te permite ayudar a planificar tus sesiones de lectura.
Es decir, si tardará más de 10 minutos, podrás no hacerlo en cualquier parte. Un texto que se lee en ocho minutos o menos puede ser una buena compañía para ir al baño o para una fila en un banco.
Les decía que traigo libros en el auto, particularmente en los asientos traseros. Libros técnicos que me dan alguna idea o que me permiten evaluar alguna de las propuestas que tengo. Secciones de una o dos páginas, ideales para leer en un alto durante un embotellamiento. Una hoja por vez.
Por supuesto, hay antologías como una que es parte de mis lecturas diarias, Las leyes para todos los días, de Robert Greene, o Estoicismo cotidiano, que con menos de una página por día te permiten tener una idea clara que ilustran cada mañana o cada noche. Esos son ideales para generar un poco de conocimiento al día.
Me preguntan que qué estoy leyendo ahorita; en físico, de Macario Schettino, Conspiraciones, México a través de seis siglos, que es una historia comparada de México con el mundo. De cómo los cambios locales se van entretejiendo con los cambios globales y cómo hay instituciones que siguen vigentes hoy, a pesar de venir de la época virreinal. O el hecho de que México era la economía más rica del mundo a la mitad del virreinato, la primera potencia comercial global, lo cual se destruye con las reformas borbónicas y los peores reyes que ha tenido España, que acabaron destruyendo su imperio.
En fin, el otro libro que estoy leyendo, ese en digital y en inglés, es La guía cotidiana para la ESP natural de Ingo Swan. Este se supone que ayuda a generar habilidades de percepción extrasensorial con una base científica, a partir de uno de los investigadores y sujetos de prueba más importantes del siglo XX en ese campo.
En fin, esos son los libros que están ahorita abiertos; ya les contaré mañana cuáles son los que están esperando turno en la fila de lecturas. Por lo pronto, vuelve la invitación para leer en todas partes y recordar que 5 minutos que podrías desperdiciar de otro modo pueden aplicarse muy bien leyendo… Una vez que leas Dichos y Bichos cada día.
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Leer por placer
Hay quien dice que mis novelas son bastante más simples de lo que esperaban, que su lenguaje es muy llano y la narración es directa y breve. Que esperaran algo un poco más complejo, viniendo de mi.




Me pregunto, Gonza, si eso de leer de forma fragmentada sin molestias tiene que ver un poco con temas de memoria, adaptabilidad, o solo es cuestión de gustos. Yo aprendí de pequeña a leer por ratitos y varios libros a la vez por una sola razón: a mis primas no les gustaba que leyera y me quitaban el libro que tenía en la mano para que saliera a jugar con ellas. Pero casi siempre estaba enfer,ma, así que no me dejaban salir o corretear por la casa. Así que en cuanto me quitaban un libro, prometía salir a jugar y en su lugar tomaba otro, buscaba la última página leída y continuaba en mi mundo. Si eran demasiado insistentes, me encerraba en el baño y ahí me quedaba un buen rato hasta que algún adulto me sacaba de mi escondite. Se volvió normal para mí leer hasta 5 libros a la vez y recordar en qué página me quedé.
Y con los hijos, ya sabes, el tiempo libre es menor. O aprendemos a leer un párrafo a la vez, o nos quedamos sin lectura.
Dice el psicólogo inglés Keith Oatley que podemos conocer a una persona por lo que lee, y qué selección tan variada tienes. Aunque a mí casi me gustan más las novelas, este año he empezado a leer más sobre coaching y psicología. Este mes estoy leyendo El diosero de Francisco Rojas González, Del Color de la Leche de Nell Leyshon, La guerra no tiene rostro de mujer de Svetlana Aleksiévich, El mundo después del cumpleaños de Lionel Shriver, Un lugar llamado Antaño de Olga Tokarczuk, Temporada de Huracanes de Fernanda Melchor y Quiero darte Coaching de enrique Jurado.
Rayos, cuando me veas chillando de que no tengo tiempo ni para dormir, recuérdame el párrafo anterior. Prometo aprovechar los semáforos para leer tus blogs en cuanto termine los libros. Y espero que tu lista de libros pendientes disminuya.
Un abrazo de unicornia.