Leer por placer
Un poco de tristeza ver que se pierde eso…
Hay quien dice que mis novelas son bastante más simples de lo que esperaban, que su lenguaje es muy llano y la narración es directa y breve. Que esperaran algo un poco más complejo, viniendo de mi.
Lo que parece que pierden de vista es que esos libros estaban pensados originalmente para que mis hijos adolescentes y jóvenes adultos pudieran asomarse un poco a mi vida o a las lecciones que quería darles sin decir: “A ver, hijo, ven, escucha, siéntate, te voy a explicar algo…”.
Están pensados para dejar que ellos fueran descubriendo poco a poco esas lecciones.
Sin embargo, temo que ni siquiera las han podido leer completas. O peor, no las han querido leer.
No sé si porque se aburran o porque no las han descubierto bien o simplemente porque perciben que es un proyecto de su padre que les quitó mucho tiempo a ellos para dedicárselo a eso. O tal vez tristemente, porque leer es algo que ya no se utiliza en estas nuevas generaciones.
En fin, como sea, ya las leerán y aprenderán las lecciones que quiero transmitirles por esa vía. En particular, cuando ya no esté aquí. Y si tienen curiosidad, pueden ver mis libros disponibles en mi página de autor en Amazon.
Pero tal vez la lección más importante es que leer es un placer. Descubrir las ideas de alguien más y poder construir algo a partir de ellas es una riqueza que no debe perderse.
Alguien me decía, y tiene razón: “Leer un libro es una de las inversiones con mayor retorno a la inversión que puedes tener. Alguien ha pasado 10, 15, 20 años de su vida practicando cierto arte. O uno, tres o seis meses documentándose en un tema, para luego volcar toda esa experiencia en algo que tú puedes absorber en apenas tres o cuatro horas. Es conocimiento destilado que puedes beber a tu propio paso. Y eso, eso potencia tus resultados de una manera increíble”.
Y tienen razón. Eso cuando lees libros técnicos o guías prácticas. Cuando vas a leer por placer, el tema es diferente, pero tiene también esa misma riqueza.
Asomarse a la mente de alguien más.
Y me da tristeza saber que cada vez menos gente quiere leer, que mis propios hijos no han leído los textos escritos para ellos o que pocas personas se animan a conocer más. A pesar de la explosión de libros y la facilidad de los e-books, en los que puedes llevar cientos de libros a la mano y leer en la noche sin molestar a la persona que duerme al lado sin tener la luz de la habitación a todo, tengo la impresión de que se lee cada vez menos.
Como que preferimos la inmediatez de los 30 segundos de un video o una animación que rápidamente nos dan información o diversión sin mucho esfuerzo de nuestra parte. Mejor eso que leer, dicen muchos.
Tal vez por eso me caló ver que tengo tantos libros abandonados en mi lista de pendientes; tantos que ya están acumulando polvo, y lo lento que los estoy leyendo.
No estoy predicando con el ejemplo, a pesar de que a todas partes llevo un libro, sea digital o impreso, para aprovechar esos momentos en el tráfico, esas filas largas en las tiendas o tener que esperar cuando una cita se retrasa de manera imprevista.
Como sea, leer es un placer que permite construir mundos a partir de las ideas de los demás; es tener pequeños ladrillos Lego para hacer tus propios proyectos a partir de lo que alguien más ha contado. Y había otra cosa que quería decirles al respecto, pero yo creo que será mañana… porque es momento de seguir leyendo. ¿Me acompañan?



