La soledad de escribir.
Porque es un trabajo poco entendido afuera.
Escribir es un trabajo solitario.
En primera, porque ocurre la mayor parte dentro de tu propia cabeza. No compartes con nadie: tienes que pensar la idea, plasmarla en papel o en pantalla, redondearla, ver que esté bien escrita, buscar mejores alternativas a las expresiones que ya incluiste, ver si la idea está clara; en fin, es un trabajo mental distinto a otros.
Digamos que haces un trabajo mental como el de un contador; ahí tus resultados van a interactuar con otras personas. Pero también el proceso. Las balanzas, las hojas de resultados, los cálculos de impuestos, todo tienes que justificarlo ante otros. No es solo para ti. Es un trabajo enfocado al resto de las personas vinculadas a la labor.
Sí, la escritura también lo será, pero no tiene retroalimentación durante el proceso. Es hasta que acabas cuando pones toda la obra a la consideración de los demás, cuando pueden opinar. Pero será sobre el texto terminado, no durante el proceso.
Por eso es un trabajo en el cual poca gente puede participar junto contigo. Sí, podrás después tener editores, revisores, lectores beta; editores, diseñadores y demás colaboraciones; no obstante, el proceso de escritura es totalmente solitario. Y eso tiende a generar un entorno íntimo, cerrado, en el que pocas personas pueden participar.
Sí, tienes pláticas con colegas, con amigos, compartimos ideas, vemos qué se puede avanzar y cómo. En fin, no trabajas aislado del mundo, excepto en el momento en que escribes. Ahí sí nadie puede asomarse, participar, interactuar.
Recientemente, veía que algunos colegas hablan de escribir a dos o a cuatro manos, es decir, un texto que viene entre varios. Ya lo he intentado y no me funcionó adecuadamente.
También vemos otros autores que dicen que están felices porque tienen parejas, compañeros, amigos que participan con ellos en avanzar los proyectos. Sí, los hemos visto trabajar y sus resultados son buenos. Asimismo, lo he hecho. Pero a final de cuentas se les olvida que aun en esos lapsos, la escritura en sí se trabaja en soledad.
Y esto también lleva a una soledad personal. No todo el tiempo estás trabajando, pero todo el tiempo estás pensando. Pocas veces puedes compartirlo con las gentes cercanas sin llegar a aburrirlos. “Es que siempre dice lo mismo”, afirman. “Es que ya nos lo has comentado diez veces”, alegan otros. “¿Para qué le hacemos caso, si de todos modos no nos va a pelar?”, concluyen. “Vive en su mundo”.
Hace poco me encontré con Samuel Domínguez, mi estimado colega, y tuvimos una muy buena plática por un par de horas. Y ya camino al aeropuerto, le decía que llegaba a la conclusión de que lo verdaderamente grave es que, para poder entender que eres escritor profesional, tienes que entender que te quedas totalmente solo. A pesar del buen rato que compartimos ese día.
A pesar de que logramos una buena conexión y una buena charla, no tuvo que ver con el proceso de escritura de una obra concreta o con nuestros libros concretos como tal. No vimos qué idea sí o cuál no, sino generalidades del proceso. Muy bien, pero…
Esta soledad, conforme lo vas acumulando, genera dificultades en la interacción diaria. Ni modo, escribir es un trabajo solitario y, si bien la difusión de las obras, la presentación de libros o el encuentro con lectores es muy grato y positivo, no ocurre durante la fase de escritura. Que es, por cierto, en lo que voy en el más reciente proyecto. Así que disculpen si no me ven tan activo en redes o en persona, si estoy encerrado dentro y si hablo poco estos días.
Toca vivir en la soledad de escribir, ese trabajo poco entendido afuera de las propias mentes de los escritores.
Otro día al aeropuerto.
Sí, cada día tiene sus rutinas que no se mueven. Despertarte, bañarte, lavarte los dientes, desayunar, tomar algunas medicinas, trabajar un rato; por supuesto, escribir este texto diario y así.



