Hasta pronto, tío Güero
(Que espero que no sea pronto)
Hoy toca despedir a una persona que pasó casi 48 años cerca de nosotros. El esposo de mi tía Marina, José Antonio Madrazo, falleció el jueves pasado, en la madrugada. Tenía casi 8 años “desahuciado”, pero fiel a su estilo, no le iba a dar la razón a los doctores muriéndose antes de tiempo.
De mis primeros recuerdos de él, uno en que mi abuela le decía: “Cállese, infeliz; no lo quiero ver más por aquí. Lárguese y deje a mi hija en paz… ¿Quiere otra tortilla para sus frijoles?”. Y sí: era el célebre autor de la frase “las Prado pueden matarte de un coraje, pero de hambre, nunca”. Y pese a tantas corridas, estuvo con mi abuela cuándo murió, y no dejó a mi tía en casi cinco décadas.
Cuenta la leyenda familiar que estudió cuatro carreras, pero que no se tituló de ninguna por pelearse con los maestros todo el tiempo. En parte porque Mamanena, su madre, fue la primera mujer en dar clases en la facultad de contaduría del IPN (dicen) y una de las primeras contadoras certificadas en el país. Entonces, su mamá tenía poco tiempo para atenderlo y corregirlo, y la agarraba contra sus profesores.
Porque algo tenía: una lógica aplastante y contraria a la opinión mayoritaria. Si alguien decía cosas con las que no estaba de acuerdo, no escatimaba tiempo ni esfuerzo para demostrarle a la otra persona que estaba mal.
Pero, también justo es decirlo, no te podía ver en problemas sin acudir a ayudarte. Por ello tuvo centenas de apadrinados en A.A.… aunque no le gustaba hablar de eso. También era muy duro con la Iglesia Católica, sus excesos y su ortodoxia; pero era muy amigo de sacerdotes que él veía congruentes en el amor y servicio a los más pobres; en particular con el Padre Chinchachoma -que atendía drogadictos-, con el Padre Lucas -de quien decía que “le hacía honor al nombre ya que estaba más loco que él- y, en fechas recientes, con el Padre Óscar, un misionero javeriano que ha andado por Asia, África y en zonas pobres de México. Pero que no lo invitaran a una ceremonia en Pedregal o Polanco, porque su molestia con templos ricos y pordioseros millonarios no la ocultaba.
En su exequia, Padre Óscar lo describió bien: “siempre procuró el mayor bien para todos, en especial para las personas que amaba. Aunque a veces pensaba que solo él sabía qué era lo mejor para todos. Y por eso algunos le decían necio”.
Descansa en paz, tío Diablito, Pepe Toño o, como muchos te dijimos por años, “el Güero”. Ya veremos quién tenía razón en sus argumentos -aunque supongo que serás tú en la mayoría-. Y gracias por tu solidaridad con mi papá, “el último de los valientes que se casó con una Prado y aún vive para contarlo”, como le dijiste hace poco.



Gracias por compartir
Lo siento por eso hermano! ahora estará en un lugar mejor