Estampas del final del Mundial.
Dejó algunas lecciones interesantes.
Ayer tocó ver, como casi dos mil millones de personas en el mundo lo hicieron también, la final de la Copa Mundial de Fútbol México-Estados Unidos-Canadá 2026 que organiza la FIFA.
En este encuentro, España jugó dominando, pero le costó los dos tiempos regulares y dos tiempos extra poder meter un gol a Argentina, quien no pudo refrendar su bicampeonato.
Nos dio mucho gusto ver cerrar la era de Messi, ver surgir una nueva España con su segundo título mundial y lo bien que jugó la selección española, salvo por su desesperación de no poder anotar rápidamente.
Fue incómodo ver a los argentinos tan violentos dentro y fuera de la cancha; groseros, ruines y bajos. No todos, por cierto; pero los que lo hicieron en extremos pocas veces observados durante este torneo. Al grado de golpear a los ganadores y patear a un jugador tirado en el piso.
Al final del partido, me fui con mi hijo menor hacia el Palacio de Bellas Artes para buscar las estampas del álbum que le faltaba encontrar.
Me emocionó ver la Torre Latinoamericana con los colores de España y una felicitación a los campeones (la imagen de hoy se basa en un video que tomé del momento y que pueden ver en mi cuenta de X, aquí).
Por supuesto, me llamó la atención ver que algunos de los vendedores se ensañaron con los precios, aduciendo que, como era el último día del Mundial, era la última oportunidad para llenar los álbumes y porque mañana ya no los dejarían vender allí. Así, estampas como Cristiano Ronaldo o Leo Messi costaban más de 250 pesos, cuando en los sobres originales podían obtenerse por $5.
Lo más dramático: las estampas de Coca-Cola, una colección que te hubiera costado menos de $150 de haber comprado las estampas a tiempo, o que podía comprarse completa por $350 hace dos semanas, fluctuaban entre los $1,500 y los $2,000 por el set completo o $100 por cada sobre, de los cuales requerías 14 y algo de suerte para encontrar las estampas faltantes. También las había “clones”, por $300. Francamente, un abuso.
Los $80 pesos en monedas de $20 para tener las cuatro ediciones conmemorativas podían comprarse por entre $200 y $700 pesos, dependiendo de si eran solo las monedas o si eran montadas en coleccionadores de acrílico. También se vendían vasos usados de cartón, “directos del estadio, con la fecha del partido en que se vendieron”, y hasta los sombreros de cartón de la ceremonia inaugural podían conseguirse.
Llamó la atención que la mayoría de las personas traían playeras de la selección mexicana, pero no faltaban algunas con la playera de España, algunos de Argentina y de algunas otras selecciones participantes, marcadamente Colombia. La playera “clon” de la selección se podía comprar por $300, y una mala copia por $100. Antes del último partido de la selección nacional, costaban $600 y $250, respectivamente.
La cantidad de muchachos intercambiando estampas de manera gratuita con sus aplicaciones, francamente, me sorprendió. Intentamos con no menos de 20 personas que empataran con las nuestras. A algunos les regalamos las 3 estampas que les faltaban; otros nos compraron alguna de las que teníamos, pero apenas pudimos intercambiar menos de 20. Claro que las 15 que nos faltan podremos pedirlas directamente a la editorial, así que el álbum está prácticamente completado en cuanto estén disponibles a la venta. Pero queda una sensación agridulce.
Será la última vez que veremos a México como sede mundialista; si acaso hasta dentro de 12 años, en que se vuelva a jugar en Norteamérica, podrá repetirse. Pero es poco probable, porque EE. UU. lo quiere hacer solo. Aunque todos están de acuerdo en que el ambiente de México no se vio en las otras sedes.
Dio gusto ver a un equipo que había ganado una sola vez, lograr su segundo campeonato. El ánimo en general era tristón, en parte de los vendedores porque se les acaba su oportunidad de hacer dinero, en parte del público que, a final de cuentas, había sobrevivido a poco más de un mes de tener fútbol prácticamente a diario con hasta seis partidos en un solo día.
Incluso los que no somos futboleros disfrutamos esta experiencia y vaya que la pudimos ver en cine, en un festival callejero, en casa, con familia, con amigos, de todo un poco. En fin, que se nos acabó la fiesta futbolera y uno volverá a este nivel hasta dentro de cuatro años.
Y estaremos pendientes de ver qué sigue, por supuesto, de completar el álbum de estampas mundialistas.
Y por cierto, si quieren el álbum del mundial del 2006, todavía está disponible por unos 3 mil pesos con todas las estampas listas para pegar. Para los coleccionadores es toda una oportunidad. Para todos los demás, quédense, cuiden su álbum si es que lograron juntar.
Y tras esta breve reflexión de estampas mundialistas, nos vemos mañana para volver con nuestros temas de escritura y cosas similares. Felicidades, España, felicidades, amigos españoles, buen torneo, merecido campeonato.



