Hacer lo nunca hecho
Pero, a la vez, cercano.
Creo que este es el Mundial al que más atención le he puesto.
En parte, porque a mi hijo adolescente le encanta el fútbol; en parte, porque uno toma conciencia de que hay hechos que pueden parecer normales, pero que pueden volverse históricamente trascendentes. ¿Dónde estabas cuando el partido de…? Será una pregunta muy importante para nuestra generación.
Y tercero, porque México es país sede, y muy cerca de mi casa se puso una pantalla gigante para darle seguimiento a algunos de los partidos, en especial los de la selección nacional. Así que no es fácil escaparse al ambiente mundialista estos días.
Pero me atreví a hacer lo que nunca había hecho. Ir a ver un partido de fútbol en el cine.
Y como experiencia es algo atípico e interesante. De entrada, la pantalla es gigante, lo cual da una mejor presencia al partido.
Segundo, y que es una de las cosas que me gusta del cine en general: compartes experiencias con muchas personas que están alrededor, pero que a la vez están concentradas en la experiencia. Es decir, no es una charla con quien esté al lado mientras bebes y alguien toca un piano al fondo, sino que todos estamos concentrados en el mismo estímulo y en compartir la misma experiencia.
Así que las emociones que se viven son genuinas, son respuestas a un mismo estímulo, procesadas individualmente, pero a la vez en un ambiente grupal. Y más porque fue un partido de Colombia, país en el que tenemos familia, y sugerido por personas que apoyan fuertemente a esa selección.
Esta extraña combinación de estar solo pero en una multitud y compartir emociones como gritos de gol o las molestias ante las jugadas fallidas le dio otra dimensión al espectáculo. Es cierto, fútbol he visto mucho e incluso en algún estadio. Asistir a partidos de la selección nacional también lo he palomeado en mi lista de pendientes por hacer en la vida. Como ir a un juego de béisbol profesional de ligas mayores, ver un juego de la NBA o visitar Santiago de Chile o la Abadía de Westminster. Todos palomeados. Otros que no estaban en la lista, pero se cumplieron: ir a Abbey Road o a la casa y tumba de Pablo Neruda, en Isla Negra.
Nunca he ido a un partido en un Mundial y no creo hacerlo con los precios que vemos que va a tomar esta competencia en el futuro. Pero lo que sí podía hacer era irlo a ver al cine.
Por supuesto, la experiencia fue tan grata que me quedaron ganas de ver el partido de la selección de México hoy en el cine, pero ¿qué creen? Como me tardé en decidirme, quedaban muy pocos lugares, todos separados y hasta adelante de las salas, los cuales no son los mejores lugares para ver una película, mucho menos un partido donde tendrás la vista de un lado al otro.
Esto puede parecer trivial y lo es, salvo por algo que quiero compartirles: de cuando en cuando, intenten hacer algo que nunca han hecho, aunque sea cercano a lo que siempre hacen. Prueba otra cafetería, intenta un plato nuevo, ve a otra plaza comercial o a una cadena de cine distinta a la de siempre. Estos pequeños cambios y giros les van a dar perspectivas diferentes sobre la vida y las cosas que pasan en ella.
Y con ese pequeño cambio, su labor como escritores o en otros temas de su vida verán que mejora bastante. Así que, a romper paradigmas, intenten hacer cosas de forma distinta.


