Encontrar lo que me falta.
Ya lo sabía; no lo había hecho.
Les comenté en una entrada anterior que me tocó ir a un encuentro de escribidores. Y llegó el segundo día y me encontré… que es una de las cosas que me hacen falta. Era obvio, ya la conocía. Pero pude medir el verdadero impacto.
En el día 1 tuvimos autores consagrados: de esos que trabajaron con los premios Nobel, Octavio Paz y Mario Vargas Llosa. De los que tienen 20 libros publicados, al menos tres premiados. Y que ven el trabajo literario y sus propios logros con total normalidad. “Es un trabajo difícil, pero alguien tiene que hacerlo”, “servir a los demás te da satisfacciones”, “Siento que ya no tengo nada más por decir, y de repente me descubro haciendo otro ensayo y de allí un libro…”. Ese tipo de actitud.
Pero en el segundo… tocaron los talentos nóveles. Esos que llevan uno, dos libros publicados, pero que sienten que su deber es rehacer el mundo entero. Que sacaron el segundo premio en un concurso, y volvieron su grito de “pero me han robado” en un éxito de ventas. De los que tuvieron un éxito resonado, y a su segundo trabajo, no tan reconocido, dicen que los sabotearon y hacen del victimismo el grito de guerra para sus siguientes textos. O la que se fue de su país “porque estaba harta de ver lo que era”, para escribir desde otro continente la novela de amor a su patria “por lo mucho que la extraña”, para rematar que “ni loca vuelve a ese manicomio”. Ese tipo de autores.
Y entonces… Entonces descubrí qué es lo que está perdido. ¿Qué tienen esas personas que pasan 5 años escribiendo una noveleta a partir de una idea simple, para encontrarse tras tres años de su publicación que se vuelve un éxito? Sí, con 16 traducciones y una adaptación a televisión. Ese nivel de éxito. A pesar de que escuchas que les cuesta trabajo articular una idea y mucho trabajo sacar una hoja buena.
La respuesta no es “autoestima”, “seguridad”, “confianza en sí mismos”. Se ve que sí las tienen, pero en distintos grados y diría que, difícilmente, en un nivel superlativo. Así que no es por allí.
Lo que tienen en común es un buen agente literario. Uno capaz de hacer de un segundo premio de un certamen literario un acuerdo de publicación de cinco cifras, en dólares. O capaz de obtener 16 traducciones y un acuerdo de televisión para una novela relativamente simple (en voz de su autora).
Y tiene sentido: son los expertos en vender a un público sumamente especializado (las editoriales) un producto muy específico. Una novela con una idea simple se vuelve algo con lo que “todos los jóvenes se identifican”. Una noveleta de menos de 150 páginas se vuelve un éxito de ventas, en parte porque es pequeña para leer y barata para producir… Y porque logra que la metan como lectura sugerida en las escuelas. Eso es lo que me falta. Un buen agente.
Se abre el casting: ¿Alguien es un buen agente literario? ¿Conoce a alguno? ¡Avísenle que lo ando buscando!



Hola Gonzalo, podrías preguntar sobre un buen agente literario en nuestro grupo " las mafiosas y mafiosos."
Ojalá que lo encuentres Gonzalo, yo disfruto mucho tus espacios narrativos en PN y ahora que empiezo a leer tus textos, también 🫡