El punto y la coma.
El cuidado del detalle es relevante.
Sin duda, una de las tareas más incómodas de ser editor y de montar libros ajenos es precisamente ver cuándo y cómo debes corregir ortografía, gramática o esos errores que parecen intencionales, pero que no lo son.
¿Dónde van el punto y la coma precisos? ¿Dónde puedes ajustar el texto? ¿Dónde debes dejar que fluya el estilo del autor, aunque contenga errores?
Vaya que es complicado poder resolver este tema, pero sin embargo es la parte más importante. Les comentaba ayer que ya mandamos un libro a imprenta y que había poco que hacer. Pues no. Detectamos un par de errores menores, pero había que corregirlos.
Un tabulador que estaba fuera de lugar y subrayaba el nombre de un autor, cuando debía empezar el subrayado después del nombre.
O una sección que nos daba problemas al señalar un enlace de internet como activo, es decir, totalmente subrayado y con otro color, que lo hacía ilegible. Son dos cosas menores, pero que, sin embargo, marcan que hay cuidado y atención al detalle en el trabajo de edición y montaje.
Por eso les recomiendo a nuestros amigos que trabajan en este tipo de tareas que sean lo más cuidadosos posible desde el origen de sus documentos. Si corriges en el archivo original, será mucho más fácil hacer el montaje sin mayores cambios.
Me estoy enterando de que las versiones anteriores no son compatibles con el sistema operativo más reciente y que incluso Microsoft ha decidido suspender el uso de uno de los softwares que más utilizamos (Publisher).
Si bien hay nuevas herramientas y alternativas que tenemos, la verdad es que son bastante más complicadas para proyectos complejos. Es decir, hay libros que pueden sacar automáticamente en cosa de minutos. Para tareas finas, con muchas imágenes, pasos de página y demás, como una revista a dos columnas, se vuelven prácticamente imposibles de hacer.
En fin, cuidar dónde va “el punto y la coma”, hace la diferencia entre ser alguien muy adecuado a la tarea y no serlo. Y hoy me obligó a ajustar mis horarios y tareas del día. Pero ya vamos…
Y vaya que en alguna ocasión un software me ponía un punto final en el título de un libro. Pero lo hacía al compilar, por lo que no se veía en mi original. Y no podía ignorarse la instrucción. Esto provocó que me cancelaran un contrato y que se fuera muy ofendida la clienta. Pero eso también pasa por no haber puesto los términos muy claros desde el principio en la negociación.
En fin, pues seguiremos esperando que nos salga el material impreso para este fin de semana, a pesar de los pequeños cambios de último minuto.



Puntos y comas
se mueven en el texto,
como hormiguitas.