El llamado salvaje
Una película viejita, que vale la pena ver.
El viernes tocó día de cine en casa con mis papás. El momento de escoger qué ver es complicado.
Hay comedias mexicanas que les gustan, pero que el lenguaje no es el más familiar. Las películas de acción no le gustan mucho a mi mamá; las películas de romance no le gustan a mi papá. Géneros como el terror o las muy sexuales no nos gustan a ninguno.
Así que la opción fue escoger una película de aventuras en entornos naturales, que fuera un pequeño drama de época y no fuera demasiado violenta, agresiva o complicada. Y si es en montañas, mucho mejor.
Entramos a Netflix y vimos que la película El llamado salvaje, filmada en Alaska, está a punto de salir del catálogo; se va el 31 de mayo. Así que era buena opción para ver. Con Harrison Ford, el legendario actor de Han Solo en Star Wars o de Indiana Jones, es una garantía de buena actuación.
Pero me llamó la atención el hecho de que intentaran hacer un guion en el que solo un personaje y su perro sostuvieran la película. Es cierto, Ford es buen actor, pero tanto para que fuera el único personaje me parecía que podía llegar a ser absurda.
Sin embargo, no es así: la historia de ambos solos ocupa la mitad, o menos. Y ver esos paisajes, que alguna vez vimos juntos en la vida real mi papá y yo, y que también fueron mis papás en otro viaje, parecía una buena opción.
La verdad es que quedé gratamente sorprendido. Supongo que la mayoría de los animales es vía CGI, pero lo que es el personaje principal de la jauría que jala el trineo, Buck, y sobre todo el encuentro de ese personaje canino con su espíritu animal en el pleno bosque en momentos clave, fue impactante.
Todo lo que le hace pasar de ser un perro mimado de California a un auténtico líder de una manada de lobos es una historia extraordinariamente bien contada. Sin diálogos, porque al final de cuentas, aunque algunos momentos parezcan humanos en sus conductas, los animales no hablan y solo entienden por los gestos que hacen en distintos momentos.
Vale la pena verla y, si pueden, no se la pierdan antes de que salga de catálogo o posteriormente en alguna otra plataforma.
No por otra cosa, sino porque esa sensación de que tienes que buscar tu propia naturaleza y esencia, encontrar tu llamado salvaje para desarrollar todo tu potencial, me hizo mucho más sentido al verlo en un perro que con personas.
Por supuesto, espero que la lección se quede y pueda aplicarla.
Espero poderla ver otra vez antes de que se quite del catálogo y, de ser posible, compartirla con mis hijos.
La lección es muy fuerte para quedarse con menos de dos horas de película. Así que atípicamente hoy les hago la recomendación para que ocupen parte de este domingo viendo “El llamado salvaje” y sobre todo reflexionando en las emociones que este perro logra transmitir mejor que muchos humanos.
Tienes que crecer y encontrar tu esencia. ¿Te animas?
Postdata
A raíz de la entrada de ayer, varios me preguntaron que cómo me fue en el baile. Solo comentarles que pude bailar un danzón, un popurrí de música tropical y media pieza con mi mamá, porque cambiaron de ritmo. No bailé las “coreagorafiadas”, como “Payaso de Rodeo” y “No rompas más”, porque la pista era pequeña y la gente mucha, y tampoco me paré a las grupales, como “Disco Samba”. Y tampoco pude bailar con la festejada. El mariachi llegó tarde, por lo que ya no lo dejaron tocar, así que también se nos fueron las rancheras. Mis papás, tranquilos y felices. Listo. Eso pasó.


