El descanso sabático
Y por qué habría que adoptarlo.
La tradición judía obliga al descanso sabático, esto es, un día a la semana en el que no puedes hacer ningún tipo de trabajo.
Se basa en que en el Génesis se relata que, tras crear el mundo, el Señor descansó. Y si Él es capaz de descansar, después de hacer una creación tan grande, ¿por qué los demás no deberíamos hacerlo?
Llama la atención que una sociedad relativamente primitiva, nómada y que vive en el desierto, decida sacrificar cierto tiempo laboral que debería ser importante para su supervivencia y dejarlo descansar.
Lo hace porque no es un descanso totalmente inocuo o inútil, sino que incluye tiempo para la oración, para la meditación, para reposar el cuerpo y hacer que sea un poquito más la mente y el alma las que se pongan a cargo por un día.
Es un descanso que te eleva, no que te aletarga. Te saca de lo terreno para llevarte al mundo espiritual.
Y si bien esta costumbre llega hacia los católicos y otras denominaciones cristianas, pero considerando que el descanso sea los domingos, para recordar la resurrección de Jesús, que pasó el sábado en la tumba. Llama la atención que sea el sábado el día entero en que Jesús queda enterrado (o, como dice la escritura, “bajó a los infiernos”). Lo que implica es que está fuera de su cuerpo durante todo ese día, casi la mitad del viernes, todo el sábado y algunas horas del domingo, en particular si consideramos correcto el hecho de que la resurrección ocurre con los primeros rayos del día.
Esto le da un sentido mucho más profundo, a mi modo de ver, al célebre descanso sabático. Y que sería prudente que de cuando en cuando lo organizáramos en esta sociedad moderna.
Ayer les sugería que descansáramos de pantallas y bocinas un día al mes. No me voy a atrever a decir que cada semana, porque sé que más de uno se va a molestar, particularmente cuando es el día en que pueden ver lo que quieren y no lo que tienen que ver en sus respectivos trabajos: ver una película excelente y no un Excel pésimo.
En fin, queda la idea. Yo he intentado practicarla y, en general, funciona bien, pero pues toca a cada quien decidir qué tan profundo quiere ser su descanso sabático.
Considero que en la tradición judía se echa a perder cuando le ponen tantas normas, que es todo un trabajo hacer el seguimiento y cumplimiento puntual de qué se puede y qué no. Luego se crean algunas trampas, como marcar territorio como si fuera el interior de tu casa, porque “el barrio es tu casa”, y mientras no cruces ciertas líneas, se considera que no has viajado la distancia a la que te limita la ley.
En fin, queda ahí la propuesta para el que guste acompañarme a intentarla.



Descansar cuerpo,
Alma y mente: la pausa
que fortalece.