El bosque que creció de un solo árbol
Genealogía, memoria y la magia de transformar sangre en tinta
Bonjour, queridos amigos. Gracias por recibirme otro martes más aquí en Dichos y Bichos. En el artículo anterior tomé una pausa en la historia para crear personajes y hacerles algunos poemas para practicar un poco de prosa poética. Hoy les muestro algo de mis dotes de jardinería… pero no se espanten, que no estoy dejando la escritura para jugar con mis macetas; vengo a contarles otra de mis pasiones.
Mientras continúo creando fichas de personaje (parte 1, parte 2, parte 3) para mi novela con retratos virtuales para imaginarlos y fotos halladas en internet, sigo conectando ese trabajo con la labor de investigación de mi árbol genealógico, que ya no es un simple arbolito… ¡Se ha convertido en un bosque entero! Cada vez que reviso registros familiares en internet, me acuerdo del libro Mi país inventado de Isabel Allende, porque, como ella dice, a veces la ficción y la memoria familiar se entretejen de una forma tan hermosa que ya no sabes dónde termina una y empieza la otra. Cuando leo sus páginas, siento que me da permiso para inventar mi propio país con los retazos de memoria familiar que tengo.
Estoy justo en el corazón del bosque genealógico. Hace cuatro años empecé buscando a un trastatarabuelo del que se rumoraba que era sacerdote y terminé con más de 800 personas documentadas entre Puebla, las Sierras Norte y Negra del mismo estado y hasta un par de ramas que se fueron a ciudades lejanas. Muchos días he abierto Ancestry o FamilySearch como quien abre un libro de cuentos y me pierdo leyendo registros eclesiásticos y civiles.
Hubo descubrimientos que nos emocionaron: de dicho sacerdote, solo teníamos un apellido, que no heredó a su hijo… hallarlo mencionado en un registro fue darle vida a una pequeña leyenda familiar. Encontrar los registros de los abuelos y bisabuelos de mis abuelitos fue una alegría que pude darles. La emoción de un par de hojas impresas que llenaron sus ojos de estrellas y recuerdos hermosos de infancias vividas en esos pequeños poblados a los que no se llega en coche ni a caballo, sino a lomos de palabras garabateadas en libros apolillados.
Dato random del día: en FamilySearch hay más de 12 mil millones de registros y yo apenas voy por la quinta generación de mi propia macetita genealógica por el lado paterno, y por el materno y con ayuda de otros primos lejanos, hemos llegado hasta la undécima generación, por ahí del año 1730.
¿Y ustedes? ¿Han descubierto alguna historia familiar que les haya servido para crear un personaje, o que simplemente les haya hecho replantearse quiénes son? Cuéntenme en los comentarios, ¿qué rama de su árbol les gustaría explorar más? Y claro, si han soñado con explorar su árbol genealógico, pero no saben por dónde comenzar, puedo sugerirles un par de herramientas gratuitas y algunos consejos para que inicien sus proyectos familiares.
Recuerden que hoy encuentran el texto de Gonzalo en mi blog. Pórtense mal y hasta la próxima.


