Dar las llaves de la casa a alguien no es fácil.
Pero a veces es la mejor opción.
En ocasiones es difícil conocer a alguien en los entornos tradicionales. Ciertamente, es difícil hacer una charla profunda en un antro. Allí, el aspecto predomina, gana el mejor producido y tan tan. Fin de la historia.
En entornos escolares o laborales, el tema es que hay relaciones de poder subyacentes. Eres profesor, alumno, directivo o condiscípulo. O jefe versus subalterno. Es decir, siempre habrá etiquetas que norman las conductas en las relaciones humanas.
Conocer amigos de amigos o amigos de la familia tiene ventajas, como que hay elementos en común, historias conocidas o referencias convenientes. Pero tiene la desventaja de que hay referencias convenientes, historias conocidas o elementos en común. Y que el éxito de la relación queda también muy influido por los conocidos de ambos, lo que también eleva el costo de un rompimiento.
Así que las redes sociales están cumpliendo la función de ser celestinas modernas: te permiten conocer a personas deslindando de su aspecto físico, sin relaciones de poder o referencias comunes sólidas. Puedes tratar a alguien de otro continente, de otro país o de otra ciudad con tanta facilidad —o más— que la que tienes con tus vecinos.
Con otra ventaja: la cercanía se da por afinidades. Puedes conocer a alguien en el club de usuarios de Mazda Miata. O de poseedores de pugs cafés. O en Substack, donde algunos escribimos a diario, otros una vez por semana o por mes, y todos entramos a leer un poco de alguien más. Con afinidades por temas o intereses.
Así conocí a Cruz González (que no es un seudónimo de Gonzalo Suárez. No se hagan bolas). Esta interesante escritora tiene experiencia en el mundo bancario e hipotecario, pero además estudia psicología. Y utiliza sus estudios para analizar lo incómodo que es ser presa del Excel y otras herramientas pinchadatos por ocho horas al día, sabiendo que nadie verá más allá de un par de datos en el resumen del libro de cálculo para decir: “Va bien, revisemos en tres meses”. O “va mal, hay que despedir a cinco personas más en el área”. Frustrante.
Llevamos algún tiempo intercambiando ideas y comentarios en torno a nuestros sitios web, los estudios, las ideas y las odiseas que hemos pasado, aun sin salir de una servilleta. Para que se den una idea, el nuevo estilo de imágenes que acompañan mis publicaciones, desde aquella del robot rebelde —incluyendo las versiones en video en Instagram—, así como la idea del artículo “Sé más profesional”, han salido de nuestras charlas. En poco tiempo, ha sido una gran influencia.
Y… le he dado llaves de esta casa. Simétricamente, me ha dado copia de las suyas también. Cohabitaremos en la página del otro. No es fácil, pero me parece la mejor opción. Seremos roomies virtuales.
Y no, no nos conocemos en persona. Toda la relación ha sido epistolar. O por correos, notas y chats. Puro texto, pues. Así que si un día nos topamos por la calle, no nos identificaremos. Pero, hasta ahora, ha sido un placer encontrar una mente como la suya y compartir ideas y confidencias. Y por eso quiero que la conozcan.
Cada quince días, empezando mañana, tendrán ustedes textos de Cruz González en esta página. Y buscarán los míos en su sitio de Soberanía Cerebral. Para ustedes, será un clic extra, a lo más. Pero podrá servir para que descubran materiales interesantes que podrían no haberles brincado de otra manera.



Qué maravilla leer nuestra historia desde tu pluma, Gonzalo. Abrir las puertas de 'Dichos y Bichos' después de 16 años no es solo dar una llave, es confiar el alma de un proyecto. Me emociona que menciones nuestras charlas y ese 'matadero de datos' (en el que sigo dando batalla cada día de 08:30 a 18:00). Es un honor ser tu roomie virtual y polinizar este búnker con tu visión. Mañana las montañas empiezan a moverse. ¡Gracias por la confianza!
Confianza crea
intercambio virtual,
metas se expanden.