Cine. Sin él no estoy a gusto.
Pero, como dice el eslogan, “todo con medida”.
Lo confieso: soy un cinéfilo irredento. Una de mis primeras citas siempre suele ir al cine. Compartir una experiencia sensorial, predominantemente visual, con alguien (y con una multitud en la sala) y luego hacer una charla sobre lo compartido en esa experiencia suele ser una buena señal de la persona con quien compartiste eso.
Procuro ir una vez por semana al cine. A veces, más. Hay películas que he visto más de una vez. Algunas se antoja verlas de nuevo con los hijos, o con los padres, o con amigos o amigas específicas. No falta la que se antoja verla sola, para saborearla a detalles. Y, ¿por qué no? Hasta la salida grupal, como la vez que fuimos casi 12 amigos juntos a ver “Una batalla tras otra”, el día de su estreno en una pantalla IMAX. Aunque no pude quedarme a la cena.
O pienso “Top Gun: Maverik”, en que mi padre y yo fuimos los dos primeros en entrar a la primera función el día del estreno, aprovechando que yo tenía el día libre y que él no había ido al cine desde la pandemia. Y luego la vi quince veces más en cine (y. unas tres en casa). Solo me faltó el formato 4DX, porque la exhibieron menos de una semana y estaba llena… excepto en horarios en que no podía ir.
A veces, por lo general una vez a la semana, publico en mi blog Dichos y Bichos (el original) reseñas de cine. Y acá también, como esta de Frankenstein. El tema es que, como no veo las películas antes de su estreno y ni siquiera antes del primer fin de semana, a muchos ya les llegan tarde. Pero todo empezó hace muchos, muchos años, en que recuerdo que vi por primera vez una película en el cine, 2001, una odisea espacial. Y no, no fue en el año de su estreno: fue en un festival sobre Kubrick que se hizo después en el Cine Plaza.
La idea de mis papás —seguidores de Kubrick y también cinéfilos— era que, dado que sería mi mundo de adulto, me diera una idea de cómo podría ser el futuro. Algunas cosas que anticipó, como la inteligencia artificial, las videollamadas y los viajes regulares al espacio, se lograron. Otras, como las bases lunares, los hoteles en órbita, la exploración humana de otros planetas e incluso la permanencia de PanAm como línea aérea con vuelos al espacio, o están en marcha o no se lograrán jamás.
Pero la perfección del trabajo de Kubrick me enganchó para siempre en el cine. Incluso más cuando mi papá me llevó a ver Star Wars (la original) el día del estreno en una pequeña sala cerca de su oficina, en los cines Alfa y Omega. La habré visto en cines tres o cuatro veces, y en casa religiosamente una vez al año (al menos) desde que la conseguimos en cinta Beta. Incluso, mi cumpleaños 40 fue una enorme fiesta temática basada en ese universo. Uno de los días más felices de mi vida. Gracias, Ivette, por la idea y la ejecución.
Y por último, a los doce años experimenté tres meses de ceguera, uno de ellos casi total. Aunque, al final, me curé casi totalmente, tiene ciertas secuelas, por ejemplo, limitando el tiempo que puedo ver pantallas directamente o manejar de noche. Por eso ir al cine es toda una experiencia: si, al final, la enfermedad regresa y se vuelve más grave, tengo toda una biblioteca de imágenes bellas para recordar. Que no de valde mi memoria se ha vuelto predominantemente indexada en imágenes.
Pero, por otra, tengo esa rara certidumbre de que, alguna vez y más bien pronto, podré hacer de alguna de mis novelas un guion de cine, y lograr así que más gente la conozca. Porque ese sueño, no solo de ir al cine, sino de ir a ver MI película, es algo que estoy seguro que pasará.
Por cierto, y antes de irnos, les dejo acá también el enlace a Francamente, Franky, mi reseña del Frankenstein de Del Toro.



Estoy segura de que un día iré a ver tu película. ¡Sigue dándole caña a las novelas y a los guiones! Hay miles de historias maravillosas que necesitan ser contadas.
El recuerdo mas antiguo que guardo en mi memoria es con mi familia en una sala de cine. Me da síndrome de abstinencia si no voy al cine por mas de una semana. Mi cinefilia es la herencia mas antigua de mi abuela y mis padres. Para nada es queja.