Francamente, Franky
Hay monstruos humanos y humanos monstruosos.
Imagínate esta escena: tienes siete años y te llevaron a misa. Presidiendo el altar, un enorme crucifijo de tamaño monumental. A escala superior a la humana. Ves eso que te mueve al miedo. Y te dicen que es la prueba del amor de Dios por la humanidad, al dejar que maten a su hijo con tortura. Luego, llegas a casa y en la tele están pasando una película de terror, Frankenstein de 1931, en que un muerto que tiene vida es tratado con desprecio y violencia. Y entonces decides que quieres hacer cine.
Pasas toda tu carrera haciendo películas con esa premisa: monstruos despreciados por su aspecto, pero que solo buscan ser amados. Humanos hermosos y poderosos, que son en realidad monstruos por sus acciones y sus dichos. Y la pregunta de fondo: “¿Qué nos hace ser malos? ¿Qué humaniza a un monstruo, más allá de su aspecto?”
Y haces una película sobre un demonio encarnado en la Segunda Guerra Mundial, pero que combate a los nazis; en un monstruo que vive en los bosques, pero lo persigue un líder fascista en la España de la Guerra Civil; unos monstruosos robots mecánicos que se crean para defendernos de monstruos interdimensionales; una monstruosa creatura acuática a quien todos temen por su aspecto, menos una mujer que lo ama; y hasta de un monstruoso niño de madera que ansía volverse humano. Monstruos por doquier. Entes de aspecto terrorífico, pero mejores que los hombres hermosos que los persiguen.
Y entonces, ese niño que para ese momento ya ha ganado tres Premios Óscar, incluyendo mejor director, mejor película y mejor película animada, decide avanzar un proyecto en el que lleva 30 años trabajando: rehacer la película que le hizo empezar a soñar con ser cineasta. Hará la versión 915 de la historia del muerto revivido por un científico. Pues hasta septiembre de 2025, se tiene un conjunto de 422 largometrajes, 192 cortometrajes y 300 series y episodios de televisión conocidos que presentan alguna versión de este personaje.
Pero el Frankenstein de Guillermo del Toro no es uno más: es el Franky más franco. El que pasa de una inocencia total y poder decir una sola palabra, “Víctor”, a encontrar un amigo que lo valora por lo que es y no por lo que parece, a perderlo todo nuevamente cuando lo acusan de haber matado a ese amigo… para descubrir que es inmortal: al no poder morir y no tener compañía, la vida es una maldición, la soledad la única certidumbre y el rechazo de su creador, algo insoportable.
Por ser una producción de Netflix de 120 millones de dólares, optaron por presentarla en cines lo menos posible. Dejar el mínimo indispensable para poder competir por premios. Unos días en Los Ángeles y Nueva York; una semana en todo Estados Unidos, pero con apenas 300 salas independientes o de cadenas pequeñas; en México, se presentó en las distintas sedes de la Cineteca Nacional y en dos pequeñas cadenas. Pude verla en los Cinemas WTC, en una de las últimas funciones (totalmente llenas).
Sí, la recomiendo ampliamente. Creo que puede ser la obra maestra de Del Toro. Es mi favorita para los Premios Oscar, donde creo que le darán varias estatuillas por categorías técnicas, que ya se sabe que las producciones para plataformas no les gustan mucho a los miembros de la Academia. Confío en que va a arrasar en Netflix a partir de su estreno hoy, 7 de noviembre. Y deseo que todos los que la vean encuentren que la imperfecta vida vale la pena vivirla, no por ser lo que es, sino porque tengamos intención de vivirla plenamente.



Muy buen juego de palabras en el asunto jajajaj
El comienzo de la historia me hizo acordar a mi hija, cuando entramos a una iglesia y vio a Jesus en la cruz, me dijo, pero si no está más ahí, está allá arriba y señaló el cielo.