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Avatar de Dario Salud Leona

Me ha gustado mucho cómo conectas el ayuno ritual con algo más profundo que la comida.

A veces reducimos el ayuno a una herramienta metabólica, horas sin comer, autofagia, sensibilidad a la insulina y olvidamos que históricamente ha sido sobre todo un ejercicio de conciencia y autocontrol.

Tu experiencia de comer una sola vez al día es interesante porque muestra las dos caras, la claridad mental y productividad por un lado y el aislamiento social por otro. Eso casi nadie lo menciona y es muy real. Comer no es solo nutrirse, es pertenecer.

También me parece muy acertado ese recordatorio final, no es sustituir carne roja por un banquete de mariscos, es simplificar, reducir, donar y revisar actitudes.

El ayuno mal entendido se convierte en performance o en biohacking extremo. El ayuno bien entendido es disciplina con propósito. Y quizá esa sea la clave, no qué dejas de comer, sino qué estás intentando fortalecer cuando lo haces.

Gracias por traer el matiz espiritual y no solo el fisiológico. Esa parte también importa.

Avatar de Gonzalo J. Suárez P.

Gracias a ti por leer. Te comento que este miércoles me dieron calambres en una pierna (ligeros pero constantes) por la tarde y un poco de mareo empezando la noche.

Pero... hacía las 9 p.m. llegué a una claridad mental y un foco notable. Creo que se notó cuándo empezó la ketosis. Y ml hijo menor estaba sorprendido y me apoyó no poniendo música ni prendiendo tele. Buen dia sin duda.

Avatar de Dario Salud Leona

Qué interesante lo que cuentas, Gonzalo. Los calambres y el mareo ligero muchas veces tienen que ver con electrolitos (sodio, potasio, magnesio) más que con “hambre” en sí. Cuando bajas insulina y entras en mayor uso de grasa/cetonas, el riñón elimina más sodio y ahí aparecen esos síntomas si no los compensas. Yo en mi caso consumo 12 gramos de sal por litro y bebo menos líquido pero muy mineralizado. El doctor David Duarte de la medicina Unani (te animo a buscarle en YouTube) recomienda este nivel de sal por litro y mucha gente abandona los ayunos o las dietas cetogenicas por la famosa “keto flue” (gripe keto) derivada de la falta de electrolitos, principalmente sodio.

Y totalmente de acuerdo en que esa claridad mental suele coincidir con el cambio de sustrato energético. El cerebro usando más cetonas se siente diferente, más “afilado”.

Ahora bien, también creo que el ayuno depende muchísimo del contexto metabólico y del objetivo personal.

Por ejemplo, en mi caso, he estado construyendo masa muscular (pasé de 69 kg a 84-85 kg) y con intervenciones de ayuno agresivas eso es muy complicado. Para ganar músculo necesitas estímulo mecánico + proteína suficiente + cierto superávit o al menos no estar constantemente en déficit.

Y aquí hay un punto interesante, a nivel de longevidad tener músculo es uno de los mayores “seguros biológicos”. Es reserva metabólica, es sensibilidad a la insulina, es autonomía futura. Es literalmente tu farmacia interna.

A veces no es tanto la frecuencia de comidas, sino el balance energético global y la flexibilidad metabólica. Puedes comer una vez al día y moverte poco o puedes comer tres veces, entrenar fuerte, mantener un ligero déficit o equilibrio y entrar en cetosis intermitente igualmente.

Al final, más que el dogma del ayuno, lo importante es qué estás buscando optimizar, claridad mental, espiritualidad, composición corporal, rendimiento, longevidad, porque no siempre coinciden en el mismo protocolo.

Y me encanta que tu hijo haya acompañado el proceso, eso le da una dimensión todavía más interesante al ritual.

Avatar de Hannelore Adler Gailwain

Día de ayunar,

haciendo buenas obras

y de corazón.