Al final, perdieron la final.
No era el resultado que esperábamos, pero es lo que pasó.
Ya lo comentamos la semana pasada: tras casi 15 años de esperar la oportunidad de volver a ser campeones del fútbol mexicano, los Pumas de la Universidad Nacional… la volvieron a desperdiciar.
Y es triste porque, tras ir ganando con un señor gol en el primer tiempo, cometieron un autogol casi al empezar el segundo tiempo, y eso los desmoronó anímicamente a tal grado que aceptaron un segundo gol y terminaron con nueve jugadores al ser expulsados dos pumas casi al final del partido en dos violentas jugadas.
Esto nos dice que no supieron conservar por 45 minutos o menos lo que construyeron a lo largo de su mejor temporada en muchos años.
Para colmo, fuera de la cancha, me dice alguien que estuvo presente en el estadio, la actitud antideportiva de buena parte de la afición azul y oro se dejó ver a raudales. No les bastaba con perder, tenían que humillarse al atacar a quien ganó. Salió lo peor de la afición puma.
Por supuesto que es una rivalidad intensa entre Cruz Azul y UNAM. Ya lo decía en una columna reciente Macario Schetino: La rivalidad entre la capital y la provincia representada en el clásico América-Guadalajara ha cedido espacio a la rivalidad Pumas-Cruz Azul: son los simpatizantes del equipo que representa la universidad nacional, es decir, gente más educada respecto al promedio nacional, contra un equipo que representa a los trabajadores manuales más básicos, los trabajadores de la construcción.
Esta lucha de clases se manifestó muy fuerte en torno al partido.
Me tocó pasar cerca del Ángel de la Independencia, lugar donde festejaron su triunfo los ganadores, y vi demasiada gente acercándose al sitio, desde un kilómetro aproximadamente.
El olor a mota era bastante fuerte, lo que llama la atención al ser una sustancia formalmente prohibida, pero que en la práctica se disfrutó “muy a gusto”. Lo que ya no supe es si era por los vencedores que disfrutaban su victoria o por los derrotados que querían olvidarla. En fin, este año no fue; esperemos que en la siguiente temporada, o la siguiente, o una más, o después de esa, o… total, algún día verlos campeones otra vez.
Por eso es un equipo que queremos mucho, pero no nos entusiasma ver. “No importa cuán poco espere de ti, siempre me decepcionas”, decimos muchos aficionados masoquistas. Hay que reconocer el gran rol que tuvo el portero a lo largo no solo de la temporada, sino de estos partidos finales.
Y por cierto, la transmisión estuvo tan llena de anuncios, comentarios y menciones a sitios de apuestas, aseguradoras y manipulaciones mediáticas, que es desesperante verlas. Ejemplo: Usar al grupo de rock El Tri para referirlo como si fuera la selección nacional tricolor y, por supuesto, enfatizando demasiado que hay que pagar extra si quieres ver todo el mundial, y solo disponible en una plataforma propiedad de la mayor televisora. Queda claro que, en la liga mexicana al menos, el aspecto comercial es superior al deportivo.
En fin, es por esto que no soy tan futbolero. Por cierto, los Diablos Rojos ganaron sus tres juegos contra el Águila de Veracruz, a tal grado que el entrenador del equipo jarocho decidió renunciar tras estas derrotas. Y con razón: los veracruzanos perdieron 6-4, 6-1 y 14-4. Se colocan así segundos en la Zona Sur, solo atrás de Guerreros de Oaxaca. Por lo menos algo bueno en deportes el fin de semana.



Triste derrota,
tan cerca del título.
Será el siguiente…