Lo imposible, posible
Pero así hay cosas.
Pues nada, que ayer tuvimos el partido de ida del campeonato de la Liga MX, el fútbol profesional de México. Y vaya que era una propuesta interesante.
De un lado, llega el Cruz Azul, equipo famoso porque puede jugar muy bien todo el torneo, puede dominar todos los partidos, pero se las ingenia para perder los campeonatos. Particularmente en los últimos minutos de cada partido decisorio. Tanto así, que coloquialmente se usa el término “cruzazulear” para significar que pierdes algo que tenías ganado de antemano.
Del otro lado llegan los Pumas de la Universidad Nacional Autónoma de México, que durante mucho tiempo fue un equipo solemne y especial. Para jugar en los Pumas debías haber estudiado una carrera profesional o, por lo menos, ser pasante. Así, el pentapichichi del fútbol español y expuma Hugo Sánchez es dentista y, como él, buena parte de sus compañeros eran profesionistas además de deportistas. Obvio, esa regla ya pasó al desuso porque se considera que “futbolista profesional” es una profesión en sí misma. Pero los Pumas no han ganado un campeonato desde 2011. Y no como el Cruz Azul, que pierde finales; simplemente no llegan a ellas. No saben ganar. 2011 desde el último título. Esto es más de tres lustros de sequía.
Y cosa rara, nos sentamos a ver el partido, mi papá, mi hermano y yo. Digo cosa rara porque no somos precisamente futboleros, pero en esta ocasión nos llama la atención. Considerando que mi papá jugó para un equipo de fútbol americano de la Universidad Nacional, por allá de 1954-55, pues ha sido Puma toda la vida. Además, claro, de ser abogado integrante de la generación fundadora de Ciudad Universitaria.
Mi hermano y yo no asistimos a la UNAM, pero siempre la hemos visto con cariño, sobre todo por los compañeros de mi papá que se siguen reuniendo, a pesar de tener casi 70 años de haberse conocido. Desayunan juntos el primer sábado de cada mes. Obviamente, ya son muy pocos los que pueden ir, tanto por salud como por estar vivos, pero no dejan de asistir. Y seguro, si el próximo domingo ganan el campeonato, será una reunión que no debemos perdernos. Y esa camaradería y participación llama mucho la atención y disfruto compartirla cuando puedo acompañarlo.
En fin, que por eso nos tocó ver el partido y la verdad, como que el nivel quedó a deber. Para haber sido el equipo que lideró toda la temporada, la UNAM no tuvo el dominio que se esperaba. Sin embargo, el resultado de 0-0 nos deja con algo de esperanza para el partido de vuelta del domingo. A pesar de que los azul y blanco trajeron el balón el 60 % del tiempo e hicieron al menos 15 tiros al arco, 3 de peligro. Los azul y oro controlaron el balón apenas 40 % del tiempo, con 4 tiros, solo 1 de verdadero peligro.
Aquí la paradoja es que siempre se ha dicho que el Cruz Azul es un equipo que se las ingenia para perder y la UNAM es un equipo que nunca puede ganar. Así que a este campeonato le han llamado “el campeonato imposible”. Uno de los dos mitos, “el eterno perdedor” o “el ganador imposible”, quedará obsoleto el domingo. Lo imposible será posible este fin de semana. Y, si me apuran y para mantener ciertas ambas cosas, este torneo acabará con un autogol de Cruz Azul: asi perdería como siempre y Pumas no sabría ganar.
En fin, que ya veremos el siguiente partido el próximo domingo y, como veo las cosas, el campeón será por fin la UNAM. Aunque gane “de panzazo” y no con el dominio que tuvo toda la temporada. ¿Qué tan confiado estoy? Bueno, se las platico así. Está en camino mi playera oficial de este año. Porque vale la pena acompañar a un equipo al que has apoyado toda la vida, aunque tu deporte no sea precisamente este.
Y, por cierto, ya les hablé y lo haré más adelante de cómo van los Diablos Rojos del México en el béisbol. Sí, como siempre, parece que acabarán en los tres primeros lugares de su división y con posibilidades reales no solo de avanzar a la fase final, sino de refrendar su tercer campeonato al hilo.
Tal vez por eso prefiero el deporte que aprendí a disfrutar con mi abuelo, que seguí con mis amigos de juventud, con mis compañeros de carrera, con mis vecinas, con alguna novia, con mis hijos, con amigos y colegas de la vida adulta y ahora también lo comparto con ustedes: el béisbol. Y más si es con “los Rojos del México”, como les conté en otra entrada.



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