Y allí vamos de nuevo…
Lo peor es hacer exactamente lo que la gente pide.
Este fin de semana ha estado marcado por hacer exactamente lo que la gente me pide hacer. Y hemos descubierto que es la mejor manera de arruinar las cosas. “Deja, yo lo hago” se vuelve un “¿y por qué no ayudas?”. El “no vengas, no hay espacio” se transforma en un “¿Y por qué no veniste?”. Y el “eso no es contigo” se vuelve el “¿No lo ibas a hacer tú?”.
El tema es que a ratos hay quien subestima lo que eres capaz de hacer. O simplemente, consideran que no eres apto/capaz/disponible. Sea el viernes que asumieron que estaba ocupado, o el sábado que no quería hacer algo, o el domingo que podría no estar interesado… O porque ven que no tienes los elementos necesarios a la mano, creen que no podrás.
¿Lo interesante? Que en la medida en que encuentras quien no quiere apoyo —o no lo quiere de tu parte—, o que se niegan a valorar lo que haces, o que te hacen sentir mal, encuentras también personas que agradecen el esfuerzo, que te regalan sonrisas, que tienen detalles y que dicen “no pensé que lo lograrías, pero mira…”
Y personas que se suman a tus proyectos de formas que dices: “Hasta parece que cree en mí más que yo”. Y no es eso: es que, al permitirles ayudarte, logran hacer que sus propias metas avancen y sus dudas se despejen. Que logres resolver los problemas, aunque parezca que no tienes los elementos para hacerlo, aunque sea en cosas cotidianas. Como MacGyver, pues.
Nada mejor para un ganar-ganar que ayudar al dejar que te ayuden, y así avanzar tus metas permitiendo que logren las suyas también. Y allí vamos de nuevo, en otra semana en que podré avanzar ayudando a otros, recogiendo las sonrisas y los buenos momentos que ayudo a crear… aunque tenga que torear los que no. Un día a la vez.



Avanzar metas
trabajando en equipo.
Un ganar-ganar.