¿Usar seudónimo o no?
Una reflexión sobre ese tema.
Hace no mucho vi la película El diablo viste a la moda 2 (o “viste de Prada” en la versión española). Por cierto, acá está la reseña que hice al respecto.
Y me encontré un detalle interesante en los créditos finales. La canción “The Shape of a Woman”, que para mí es uno de los mejores momentos de la película, ese número musical que canta Lady Gaga, supuestamente chantajeada por Miranda Presley, la protagonista del film, y esto a pesar de que se caen mal, es magnífico.
Pero cuando observas los créditos finales, hay algo interesante. La canción la escribe Stefani Germanotta. Y la canta Lady Gaga.
Lo notable: son la misma persona. Stephanie Germanotta es su nombre de nacimiento. Lady Gaga, su nombre artístico. Y me llamó la atención que separara las facetas de escritora de la canción con la de intérprete de la misma.
Pero también me hizo reflexionar algo que ustedes ya habrán notado en más de un caso. Muchos autores famosos no usan sus nombres de nacimiento, sino que crean o adoptan un seudónimo para ellos mismos.
Samuel Langhorne Clemens u Oscar Fingal O’Flahertie no les son nombres familiares para la mayoría de las personas. Nadie los ubica. No saben quiénes son o qué hacen. Pero si piensan en Mark Twain u Oscar Wilde, la cosa es completamente diferente. Porque tanto Samuel como Fingal cambiaron de nombre y adoptaron un nombre artístico muy diferente a su nombre de nacimiento.
Otros simplemente lo escriben de manera diferente. J.K. Rowling es un nombre de todos conocido, pero Joanne Rowling no lo es tanto. Aunque en ambos casos nos refiramos a la autora de Harry Potter.
Cuenta una versión que un numerólogo le comentó que mientras usara Joaane, no iba a tener éxito; que tenía que abreviarlo y añadir una K por la suma de los valores numéricos de ambas letras más el de sus apellidos y que ese cambio de nombre le traía éxito.
Lo mismo pasa con algunos cantantes, incluso algunos que modifican sus apodos. Por ejemplo, Freddie Mercury en realidad nació como Farrokh Bulsara; y el mítico vocalista del grupo U2, Bono, originalmente tenía el apodo de Il Bono Vocce, “el buena voz” en italiano, pero luego opta por simplificarlo. Su nombre verdadero es Paul David Hewson.
También observamos eso en otras tradiciones y en historias bíblicas: Abrám, el pastor, añade una h a su nombre por sugerencia divina, y se vuelve Abraham, el padre de “una descendencia tan numerosa como las estrellas”, padre de multitudes, la figura más prominente del Antiguo Testamento y un personaje central para el judaísmo, el cristianismo y el islam.
A Simón, Jesús le cambia el nombre y le pone Pedro, con el argumento de que “sobre esta piedra edificaré mi iglesia”, y pasa de ser “el que escucha” a “la piedra fundacional”. Vaya que hay cambios entre ambos nombres.
Es decir, a veces cambiar tu nombre genera una personalidad diferente y resultados muy distintos en tu trayectoria de vida.
Por ejemplo, mi seudónimo literario, Giacommo J. Seráuz, surge de una frase pensada en mi primera novela, Clara Sandra solía soñar (disponible aquí), en donde una chica puede soñar el futuro. Y quien narra la historia es precisamente el joven que quiere ser “ya como será usted en el futuro”, Giacommo Seráuz. La J se añade por un guiño para una serie de personajes que aparecerán en la novela, incluido el narrador. Y Seráuz porque es Suárez al revés, pero preservando la s y la z en su lugar porque “se ve raro” escribir Zeraus en español.
Vaya esta reflexión sobre los seudónimos y los cambios de nombre, porque es una pregunta importante que se tienen que hacer como autores. ¿Quién y cómo firmará su historia? ¿La narra su persona habitual de todos los días o es algo diferente en alguien distinto, en alguien que también lo representa.
Porque hay un detalle de fondo. El nombre que tenemos es el que nos tocó, el que nos pusieron nuestros padres y el apellido de la familia en que nacimos. Pero el seudónimo es un nombre que tú escoges, porque construyes tu futuro, ya que labras lo que sigue en tu porvenir y, por lo mismo, rebautizarte es una gran manera de empezar a crear mundos paralelos como autor.



Excelente cápsula histórica, conocía los nombres reales de Oscar Wilde y de Mark Twain, pero no conocía que Abraham se había añadido una H, eso se me hace muy interesante, ¿cambiaba el significado del nombre? ya me contarás más al respecto.
En cuanto a Lady Gaga, también me llama la atención ese detalle. No sé si tenga que ver con derechos de autor o si quiere separar ambas facetas de su vida.
Y cuanto seudónimos, yo ya te he contado mi historia, todavía estoy dudando sin más adelante en mi receta de coaching, utilizo mi verdadero nombre, o sigo con este pseudónimo, que es con el que me conocen en el grupo en el que estoy haciendo la certificación.
Es curioso, porque en el grupo de apoyo a la fibromialgia, sí, estoy con mi verdadero nombre, y siento que tener a esta persona y al seudónimo separados, también me ha ayudado muchos a identificar algunos puntos de mi Salud que he querido mejorar, y sobre todo, para dejar de sentir que mi enfermedad me define; algo que para una persona con una enfermedad crónica, termina volviéndose más que una etiqueta.
También he pensado que si algún día me dedico hacer fotógrafa, usaría un seudónimo distinto, pero esa es otra historia.
Que tengas un excelente tarde. Un abrazo de unicornia.