Una semana, y ahí vamos.
Aquí nadie se raja.
Varios me han dicho que estos textos se están volviendo “demasiado personales”, pero les recuerdo que es parte del chiste: que les contemos cómo vamos tanto en la parte profesional como en lo personal y que en cada una de nuestras entregas se lleven alguna pequeña herramienta, conocimiento o idea que les ayude a mejorar también su vida cotidiana.
En este caso, las caminatas, el cambio de dieta y demás han sido un buen ejemplo de ello. Así que perdonen si suena muy personal, pero también entiendo que a más de uno le ha servido.
Gracias a todos los que han mandado correos o mensajes, tanto apoyando como preguntando algunos detalles adicionales de cómo están los protocolos que estoy siguiendo, sobre todo para reducir el cortisol.
No falta quien me ha hecho llegar ayudas, ideas y, ¿por qué no?, hasta un té que me recomendaron para ayudar a bajar la grasa del hígado y, por lo tanto, reducir la causa de los problemas. Gracias, Amalia. Muchas gracias a todas y a todos los que han estado al pendiente, me han estado apoyando.
He cumplido una semana y ahí voy. He notado menos peso, mucha sed y, muy importante, que la carraspera que tal vez han escuchado insistentemente en los últimos programas de Contexto Legislativo (pueden oír el más reciente aquí) prácticamente ha desaparecido.
Me había anticipado el médico que la causa era un exceso de producción de moco en el estómago, debido en parte por el consumo excesivo de lácteos, y del otro lado una causa emocional debida al estrés. Al reducir ambos, se ha notado ya el cambio. Por supuesto, sigue habiendo detonantes emocionales para algunos momentos de crisis, pero ya son los menos.
Sí, de repente hay dolor de cabeza, pero ya puedo dormir de un jalón todas las noches sin mayor problema. La digestión ha estado complicada, con estancias más largas en el baño. De repente, la presión social de poder comer algo fuera de la dieta es demasiada y aun así la he aguantado. Por supuesto, con algo de malestar para los comensales, a quienes dejas comer solos porque no puedes acompañarlos. O en aquel brindis, donde no pude aceptar una copa de vino.
En fin, una semana y ahí voy. Me faltan tres más para llegar a la primera etapa superada y, con el apoyo de algunos de ustedes, lo voy a lograr. Porque es la voluntad la que determina qué tanto te esfuerzas en lograr las metas y, en este caso, son metas importantes de salud y de bienestar, que por lo mismo requieren el mayor grado de compromiso posible.
Vamos adelante y sigamos con el tema.



Una semana:
se ven los resultados
de un gran esfuerzo.
Bravo! A por ello, la mejor conquista es la de uno mismo