Soñar en sepia: amor con aroma a pólvora.
Siguiendo los pasos del bisabuelo en la Sierra Negra.
Bonjour, queridos amigos, gracias por acompañarme a pasear por las llanuras literarias. Un agradecimiento especial a Gonzalo por esta colaboración conjunta, que me permite compartir mis reflexiones creativas en su espacio mientras exploramos juntos estos territorios narrativos; siempre es un placer intercambiar ideas con un colega tan apasionado por las palabras.
Desde la semana pasada, comencé un experimento literario: la creación de una novela romántica ambientada en vísperas de la Revolución Mexicana, en 1910. Ya tengo a mis personajes principales, Damiana y Javier, y un capítulo inicial con tres escenas breves que muestran su vida cotidiana. Él es panadero, como su familia, y miembro secreto del ejército rebelde en Axalpan, bajo el mando de una célula del club antirreeleccionista. Ella, fabricante y vendedora de cestas, aprende a escondidas el uso de las armas en sus ratos libres. Hoy quiero contarles un poco sobre la pequeña villa de Axalpan y sus habitantes, esas “hormiguitas” que se preparan para el levantamiento armado a finales de ese año.

En la Sierra Negra del estado de Puebla, México, se encuentra la ciudad de Ajalpan (Axalpan era la grafía antigua con la que se denominaba al poco de su fundación, en el siglo XVI). Durante la época de Porfirio Díaz, el presidente que se convirtió en dictador durante el Porfiriato, hubo grandes avances científicos y técnicos, como el impulso a la industria y el ferrocarril. Por desgracia, la vida del campesino seguía siendo dura, bajo un régimen similar al feudalismo, donde eran explotados por salarios casi inexistentes. El descontento era general: de la clase media surgieron grupos de intelectuales opositores al gobierno dictatorial, que hicieron eco en las clases más bajas. Figuras como los hermanos Flores Magón (Ricardo, Enrique y Jesús) y Francisco I. Madero fundaron partidos como el Liberal Mexicano y el Antirreeleccionista, que buscaban terminar con la reelección perpetua de Díaz. Fueron perseguidos por el gobierno, y cuando decidieron que la única forma de lograr un cambio era mediante un levantamiento armado, reclutaron en secreto a cada vez más gente que se unió a su causa.
En la ciudad de Puebla, los hermanos Serdán (Aquiles, Carmen y Máximo) fundaron una de estas células y encontraron simpatizantes incluso en pueblos de la Sierra Negra, como Tehuacán, Ajalpan, Coxcatlán, Chiautla, Zinacatepec y otros. La meta era un levantamiento armado simultáneo en todo el país, con dos fechas tentativas: el 16 de septiembre (cumpleaños de Díaz y centenario de la Independencia de México) o el 20 de noviembre… pero me estoy adelantando en la historia.
Esta ciudad de la Sierra Negra, cuna de los hermanos Barbosa, está inspirando dos novelas que estoy escribiendo: Fuego en Ajalpan, que sigue a estos generales revolucionarios, y la historia de Damiana y Javier, paralela a la anterior, pero con protagonistas ficticios que retratan las costumbres del pueblo, su descontento con el gobierno y sus dudas ante el cambio inminente. ¿Tendrán mis personajes un final feliz o serán separados por la guerra civil?
El año pasado tuve la oportunidad de volver a visitar Ajalpan, la tierra que vio nacer, luchar y morir a mi bisabuelo, el general Francisco Barbosa, y a mi tío bisabuelo, el general Calixto Barbosa. Visitamos la capilla donde descansa mi bisabuelo y luego fuimos al pequeño Museo y biblioteca de Ajalpan, fundado por los historiadores María Margarita Lucía Villalba y su esposo Alfonso Abril Morales.

Recorrer las calles, el cementerio, la iglesia, el museo y el parque fue como viajar un poquito en el tiempo y soñar en sepia, mientras sigo los pasos de mis ancestros y de este pueblo valeroso donde los sueños de libertad se forjaron en corazones sencillos que anhelaban un país mejor, con más oportunidades para todos.
Escribir sobre esta época me hace reflexionar sobre cómo el amor y la esperanza florecen incluso en medio del caos. Si quieren conocer más de esta historia, los invito a suscribirse para ver a mis musas montando a caballo y entonando coplas contra el ejército porfirista.
¿Y ustedes? ¿Cómo creen que el contexto histórico influye en las historias de amor? Me encantaría leer sus comentarios y reflexiones abajo.
Nota: Gracias nuevamente a Gonza por esta colaboración conjunta; es un honor compartir este espacio con él. ¿Ya leyeron su entrada? Los invito también a visitar mi blog en Substack para más detalles sobre mis proyectos y haikus semanales. Pórtense mal y hasta la próxima.

