Saltos al vacío
Acompañados es mejor.
Extraña semana la que terminó. Varios de mis amigos y clientes traen proyectos nuevos que me pidieron que apoye de alguna manera.
Curiosamente, al intentar apoyarlos a ellos, descubrí nuevas opciones para mí mismo. Y es que así es la vida.
Cuando pretendes lograr algo para ti, egoístamente, terminas arruinándolo. Cuando puedes hacer algo para los demás, puede ser que beneficiándote tú también.
Por supuesto, no siempre ocurre porque no faltará la persona que es abusiva, gandalla o que hace lo que puede para obtener el máximo beneficio “a la mala”. Pero con los demás, la técnica funciona bastante bien.
Por ejemplo, ven que les comenté de la obra de teatro. Al salir de la lectura, llegó otra amiga con la que he trabajado antes a visitar a la misma persona de la escuela. Y que le dijo: “Oye, qué bueno que viste a Gonzalo, me interesa volver a trabajar con él, dile que me busque”.
Es decir, por haberme acercado a un proyecto, ya recuperamos otro cliente que había considerado abandonado.
Ayudar a otro siempre te ayuda. A veces poco; una palmadita en la espalda, una porra, algo de dinero. Otras veces mucho: te genera más clientes, nuevas opciones, ideas brillantes o más lucrativas. Algunas más, es algo mediano. Pero pocas veces pasa desapercibido.
Y a veces ayudarles es simplemente darles la sensación de que pueden lograrlo, darles esa seguridad, confiar en ellos. Que sepan que son capaces. Ayudar a que la gente logre su propio potencial. Dar una pequeña idea que puede mejorar el proyecto. O ayudar a dar el salto al vacío.
Porque muchas veces lo único que nos separa del éxito es esa duda que nos carcome y nos detiene. Y si alguien te apoya —o, mejor, te avienta— puede ser que venzas tus miedos y lo hagas.
Pero bueno, les contaré más detalles de ello en la semana en cuanto me permitan hacerlo. Lo que sí puedo decirles es que esta fue una semana en que ayudar a los demás fue la mejor manera de crecer en mis propios proyectos.


