Quien expone, se expone.
No por sabido debe olvidarse esa idea.
“Quien expone, se expone” es un refrán o un lema que usamos mucho en temas académicos, de comunicación y especialmente en la política pública.
Quien toma una posición pública o quien defiende una idea tiene más riesgo de ser acusado de cualquier cosa mala que quien está callado y se queda por detrás sin abrir la boca.
Viene esto a colación porque esta última semana, en que les he compartido experiencias más personales de cómo va la dieta y los cambios de hábitos, han llegado buenas sugerencias; también llegaron algunas críticas.
De entrada, como que el cambio de imagen a un par de personas no les ha gustado mucho, que “parecemos demasiado infantiles”, que “eso no es serio” y que demerita mi imagen. Que está mal y se ve mal.
Ya les dije que el problema está en que se quedan en las imágenes de Instagram o Facebook y no leen los textos aquí, que no han entendido la explicación que viene en un texto reciente sobre por qué se hizo ese cambio de imagen. Es algo para atraer la atención de ciertos lectores, no necesariamente para gente que ya está cerca o me conoce. Y la idea es dar una imagen consistente y reconocible en todas las plataformas.
Luego me dijeron que “por qué doy consejos médicos si no cuento con la experiencia de haber estudiado algo similar”. La solución es simple: porque llevo muchos años peleando con el peso y he visto qué sí funciona y qué no en el corto y largo plazo. No doy consejos médicos o asesoría personal: comparto mis experiencias para educación y divertimento. Punto.
Ya sé que hay soluciones radicales que tienen buenos resultados de entrada, como es el bypass gástrico. Pero mi experiencia acompañando a pacientes de ese tema muestra que apenas uno de cada diez mantiene su peso y el resto, además, agrava sus problemas mentales o emocionales. Es algo que me hace dudar que sea una buena idea meterle tanto dinero a ese asunto cuando hay opciones para resolver de forma distinta la obesidad mórbida.
Todo lo que les he platicado no es porque lo haya estudiado teóricamente en la carrera, sino porque es la experiencia directa de estos últimos meses de lidiar con este problemita que tenemos desde hace tiempo.
Ya sé que quien expone se expone. Me pueden decir mentiroso o que no conozco o que simplemente ando payaseando y llamando la atención. Ese saco no me queda.
Sí, son etiquetas que pueden entrar muy bien en las conductas que realizo, pero que no necesariamente reflejan la realidad. No me acongoja demasiado, aunque por supuesto no es algo que me deje feliz. Simplemente, el hecho de escribir a diario nos lleva a que a algunos no les guste lo que decimos o la imagen que proyectamos, aunque a muchos otros sí. Y para personas así, tú incluido (porque ya casi llegaste al final), son los textos diarios aquí.
Y sé que muchos los leerán y dirán: “Bueno, no me dejó mucho, pero no perdí mi tiempo. Me divertí”. Y algunos pocos pensarán: “Esta es buena idea. Lo aplicaré”. E incluso no faltará alguno: “No se me había ocurrido. Lo voy a pensar”.
Aquí seguiremos escribiendo mientras que ustedes sigan leyendo, como decía el buen Vicente Fernández sobre los aplausos y la cantada.
Cambio de la imagen de Dichos y Bichos.
En los primeros meses de la nueva etapa del esfuerzo digital de Dichos y Bichos, buscaba una imagen que pudiera servirnos para ilustrar lo que se estaba comentando.



