¡Qué raro día!
Ya me estaba acostumbrando, pero…
Se siente muy raro escribirles en martes. Esto porque todo el año he tenido invitados este día a Dichos y Bichos. Estos textos han funcionado bastante bien, aunque la gente se sorprende de que no sea yo el autor. A veces se dan cuenta de que los temas y el enfoque no les resulta conocido, y entonces revisan el renglón de autor. Pero se vale. Parte de la idea de Substack es que podamos compartir audiencias, ideas y que sea, ante todo, un diálogo de escritores con escritores y de ellos con los lectores.
Por ello, he procurado abrir los martes a escritores invitados. Sin embargo, veo con cierta sorpresa que este martes no tuvimos ninguno. En parte, ha sido responsabilidad mía. Como ya tenía algunos muy regulares, no me dio por buscar para este día. Y no me di cuenta de que había un hueco.
Al final de cuentas, los que ya estaban programados cumplían. Sin embargo, tuvimos por ahí un cambio de planes de una de nuestras autoras, quien decidió dejar de publicar en Substack y moverse a otra plataforma. Entonces, comprenderán que ya no era válido, útil o conveniente publicar textos aquí, que los tenía que replicar allá o que tenía que construir un texto desde cero para nosotros, cuando está avanzando su propia página en otra plataforma. Se entiende.
En fin, este martes se siente raro el escribirles, pero no por ello dejaré de hacerlo, claro. Es difícil tratar de romper rutinas. Justamente hace poco platicaba con alguien que me decía que el problema es que soy “muy cuadrado” al procurar hacer lo que tengo que hacer, los días que lo tengo que hacer, a la hora que le corresponde y no quererlo mover de día, de hora o incluso no hacer la acción.
Es decir, tú sabes que todos los domingos a las 9 de la mañana estaré en misa, punto. Lo cual complica mucho tomar unas vacaciones familiares. O desvelarse de más el sábado. Sí, puedo llegar a romper la rutina, pero no es algo cotidiano. Requiere un buen motivo y un tiempo suficiente para hacerlo. Lo que hace que una o dos excepciones al año sean demasiadas. Y si bien podría cumplirse con ir a misa a otra hora, el horario y el lugar son fijos y casi inamovibles.
Así que comprenderán que no siempre lo hago. Y eso puede ser muy difícil para las gentes que conviven con uno más frecuentemente. Del otro lado también les da certidumbre. Ya saben que todos los jueves habla radio a las 8, que estaré preparándolo desde antes, que me pararé una hora antes de lo habitual para poder cumplir mis rutinas matutinas antes de entrar al aire… Y que el jueves a las 8 estaré en el radio y a la 1:45 en la repetición por acá.
Aunque no faltará el momento, como el jueves pasado, en que se adelantó el programa. Y 5 minutos no me hacen mucho problema, pero sí fue difícil medir el tiempo adecuado para la duración de la entrevista. Y ustedes lo notaron en la grabación, que entró sin cortinilla siquiera. Eso fue porque la estación me metió antes, ya que terminó su invitado anterior previamente, y se barrió el corte a comercial y la cortinilla por temas de horarios. Digo, lo habitual es que los invitados se alarguen, no que se vayan antes. Aunque, si entiendo bien, él había dicho que se tenía que ir a tiempo, porque tenía otro compromiso a las 8 a.m.
En fin, ustedes, ¿qué prefieren, seguir una rutina o flotar libremente? Sé que ambas cosas son buenas y no tengo empacho en ocasionalmente hacerlo distinto. Pero también hay que destacar que la rutina es algo que nos da mucha estructura, tranquilidad y paz mental. Lo que sí, escribirles este martes me hace exclamar: ¡Qué raro día! Ya me estaba acostumbrando a no hacerlo.
Los leo mañana y los espero con otro invitado el siguiente martes.



Pequeños cambios:
rutina sin rutina,
siempre se cumple.
Curioso cómo funciona la rutina, el día que falta es cuando te das cuenta de que en realidad sí la echabas de menos 😅