¿Por qué lo haces?
Respuesta a la pregunta eterna…
El texto de ayer, poco leído (como todos los de los domingos, nada de qué ofenderse), despertó algunas reacciones curiosas. La más importante, “¿Pues a qué hora la hiciste si estabas en el museo?” Pues eso: allí mismo, durante la visita. Y la foto fue de mi autoría.
Una gran ventaja de tener plataformas móviles (como Substack) es que justamente te deslinda de tener que estar en un escritorio, sentado, esperando a la musa. Las buenas ideas llegan donde sea y cuando sea, y puedes estar listo para descubrirlas.
Una gran desventaja de tener plataformas móviles (como Substack) es que justamente te borra las líneas del horario laboral y del personal: en algún momento parecía que no estaba atento a la visita o a lo que estaba viendo por atender el móvil; la verdad, es que estaba plasmando por escrito las emociones e ideas de estar allí en ese momento, y se notó. Fue un buen texto.
Habrán notado que no se hizo en la máquina habitual, justamente por la imagen: no fue desarrollada ex profeso, no tenía retoques o ajustes: cruda y dura, tal como salió en el momento. Con todo y reflejos y un poco de movimiento. Que no estaba permitido tomar fotos (sin permiso y sin pago) y había que esquivar a la guardia, más pendiente de que nadie tocara las prendas que de que alguien tomara las fotos… discretamente.
Con mis acompañantes, ya que se había aclarado que acepté ir, pero que “tenía que acabar algo antes de la 1:45” y que por eso estaba duro y dale al celular, les surgió una pregunta: “¿Por qué lo haces? ¿Qué necesidad de estar trabajando en pleno paseo dominical?”
Simple: por vocación. Un día que no escribo, no es un buen día. A veces, un texto basta. O unos 10 trinos en X. Escribir no es necesariamente publicar: un capítulo completo de un libro (unas 10 a 15 páginas) es un buen referente. O un texto aquí.
Lo que sí, ya lo han notado: los últimos meses, mandarles un texto diario a la página de Substack y por correo a los suscriptores es un reto que no hemos abandonado, aunque a veces no sean muy puntuales (se me han ido un par antes o un par después) o no parezcan textos merecedores de premios. Pero son diarios. Y se escriben con gusto y con el sentido de atender la propia vocación. No lo olviden.
Me preguntan: “¿Qué harías aunque no te paguen?”. Y la respuesta es “escribir”. Y hoy lo volví a hacer. Pero como los músicos, que lo mismo pueden tocar en el metro o la calle, en un restaurante o una boda, o llenar un foro o un estadio varias fechas, los escritores podemos tener diverso nivel de éxito. Y, como los músicos, también me gustaría poder vivir solo de esto. Y más si lleno un estadio para una lectura colectiva.
Por lo pronto, una manera de apoyarnos es volverse suscriptores de paga, que de esos ya hay varios, y les agradezco hacerlo.



Dulce vocación:
escribir de experiencias,
dar el ejemplo.