Pequeñas lecciones aprendidas.
Son ideas que ya sabía, pero verlas en la práctica las hace mejores.
Como les comenté en nuestra entrada anterior, este fin de semana tuve la tarea de hacer una obra de teatro. Logré concluirla en tiempo y forma.
Tendremos una primera lectura con los actores esta semana, y ya dejaré en sus manos la interpretación del texto. No lo volveré a ver hasta el día del estreno.
Pero me llama la atención que, si bien fue una carrera contrarreloj que salió bien, hubo tres lecciones que aprendí, o más bien, que recordé de este ejercicio.
La primera, como lo solía decir Gabriel García Márquez: “En la ficción, usar datos comprobables hace la obra más creíble; en el periodismo, usar trozos de ficción la destruye”. Así que encontrar los dos o tres datos duros que requería implicó más tiempo que escribir el texto en sí.
Por ejemplo, buscar un par de fechas en el calendario azteca y sus correspondencias en el calendario gregoriano. Casi diez páginas y media hora para dar una fecha concreta.
Segunda, piensa en tu auditorio. Si bien traté de hacer que la obra tuviera los elementos que me pidieron, de repente olvidaba que los actores y el público al que va dirigida son estudiantes de primaria y secundaria. Así que tuve que simplificar frases, quitar palabras rebuscadas y cambiar algunos términos.
Una de las pruebas con los actores será si pueden o no decir algunas palabras en náhuatl que no pueden cambiarse. Por lo demás, creo que puede funcionar.
Tercero, la parte que menos me gusta de escribir es la edición, pues es la que más tiempo consume. Al texto original lo leyó mi editora y un revisor. Ambos tuvieron observaciones menores.
En la primera lectura encontramos algunos errores. La imprimí y la volví a revisar con calma. Solo tres páginas salieron libres de errores o de mejoras: la portada, el listado de personajes y la página 25 que se imprimió en blanco. Porque en la 24 había un salto de página que hacía pasarnos un renglón y dejó esta página en blanco.
Así que si saco la pluma roja y cambio, les aseguro que de todas maneras encontraré errores de dedo o, mejor dicho, mejores maneras de decir las mismas cosas.
En fin, ya he comentado que la edición es la parte que menos me gusta de la escritura, pues es la que más tiempo consume y la que hace la diferencia entre un buen texto y un texto extraordinario.
Así que me llevo a esas tres lecciones que les comparto el día de hoy.



Hola Gonza, estoy de acuerdo: qué pesado resulta buscar esos datos duros para que la historia quede sólida. Es un trabajo laborioso y cansado, pero se nota la diferencia cuando está bien hecho.
Espero que a los jóvenes les guste mucho la obra y que los términos en náhuatl no les representen problema. Aunque sean chavos, suelen sorprendernos con su madurez y con todo lo que ya saben en muchos temas.
¡Ay, con la edición! Qué quebraderos de cabeza, en verdad. Ojalá los crayones rojos ya no aparezcan más por ese texto y quede lista para los actores.
Un abrazo de unicornia.