Neta, ¿cómo lo haces?
Además de años de experiencia, hay una fórmula…
Recientemente, uno de nuestros lectores me escribió para decirme que está sorprendido de que pueda escribir tanto a diario. Así sean tonterías, dice que le sorprende que le llegue el correo a tiempo cada tarde. Me pregunta cómo es posible tener tantas ideas en tan poco tiempo. “A mí me toma casi una semana escribir un artículo, y es del tamaño de los tuyos”.
“No sé cómo lo haces para hacerlo cada día”, remata. El tema es muy sencillo. Sí, de un lado es mucha experiencia sobre el asunto. Hay que procurar escribir diariamente y yo estoy a punto de cumplir ya 10.000 días de escribir y publicar todos los días sin parar.
Así sea un pequeño párrafo, pero con la intención de publicarlo, no necesariamente de escribirlo solo para mí. No es escribir para mantener la racha: es hacerlo para comunicar algo. Aunque sea un tema trivial o menor.
Es decir, ser un escritor conocido por los lectores. Que les guste o no lo que haces, pero que puedan reconocer tu estilo y digan que tienes “oficio”.
Además, empezando por el apoyo para una alumna de maestría, fui desarrollando un método de escritura bastante poderoso. Pudo completar su tesis de posgrado en 15 días, obteniendo mención especial. Ya había hecho la investigación, pero no tenía la disertación. Digamos que te ayuda a vencer la sensación de la página en blanco y te orienta para acabar el producto a tiempo. Te ayuda a generar ideas y a desarrollarlas rápidamente.
Me están convenciendo para que en este mes dé una sesión abierta del taller de este método. Ya les diré cuándo, pero en principio he aceptado la propuesta para la segunda quincena de marzo. Porque qué mayor halago que te hagan saber que lo que haces tiene sentido para otras personas.
Y además, que es reproducible. No es algo que solo pueda hacer yo, sino que cualquiera que lo conozca puede hacerlo y utilizarlo. “Oye, ¿no te da pena tener más competencia?”. No, porque estoy seguro de que cada escritor es una voz propia y distinta. Podemos contar lo mismo y cada quien lo hará de una manera diferente. Y será esa versión la que llame (o no) la atención del lector. Lo que no se vale es copiar personajes y situaciones textualmente. Pero vaya, no se hagan bolas. El método del que les hablo no hace eso.
Más de la mitad de las obras de William Shakespeare salieron de historias previamente conocidas. Lo que las hace inmortales es la pluma de El Bardo. No la historia en sí, que insisto, no es novedosa. Es su manera de contarla. Así que espero que estas reflexiones diarias te convenzan de que tú también puedes escribir y que te acerques al taller que daré próximamente.
Estén pendientes para que se enteren cuándo y cómo podrían participar.


