Los compromisos se cumplen.
Eso es importante para crecer.
Cuando pensamos en política, frecuentemente pensamos en promesas hechas que no se cumplen. Algunas, porque se hicieron con toda la intención de engañar a la contraparte. Otras porque las circunstancias cambian y no se pueden cumplir. Unas más, porque se hicieron al calor de una campaña sin ánimo de mentir ni ofender, pero que tampoco se trataron de cumplir más adelante. Y unas pocas se hicieron realidad.
Así que, al encontrarme ayer que el subsecretario de Estado de Estados Unidos, Christopher Landau, recordó una anécdota de su trabajo reciente sobre una promesa cumplida, me llenó de emoción, no solo porque nos habla de una promesa que tardó 36 años en cumplirse, sino porque se hizo realidad. Les dejo a continuación el tuit original y los videos que incluyó Christopher Landau en su descripción.
Aquí, el texto del tuit original en inglés:
This is one of my favorite anecdotes from this job. 36 years ago, President George HW Bush received the President of Bolivia, Jaime Paz (accompanied by his young sons) at the White House, and Paz gave Bush a golden family cross. Bush wrote Paz a characteristically gracious thank-you note and said that he would give instructions to return the family heirloom when one of the Paz boys became President. As fate would have it, one of them, Rodrigo Paz, was elected President of Bolivia last year. The Bush Library promptly contacted us, and yesterday in Doral @SecRubio returned the cross to the new President Paz with a copy of the note. And the best part? President Rodrigo Paz was able to share this story with his now 86-year-old father. Kudos to all, especially the @Bush41Library. Promises made, promises kept! 🇺🇸🤝🇧🇴
El texto en español dice:
Esta es una de mis anécdotas favoritas de este trabajo. Hace 36 años, el presidente George H. W. Bush recibió al presidente de Bolivia, Jaime Paz (acompañado de sus hijos pequeños), en la Casa Blanca, y Paz le entregó a Bush una cruz familiar de oro. Bush le escribió a Paz una nota de agradecimiento, como siempre, con una amabilidad característica, y le dijo que daría instrucciones para devolver la reliquia familiar cuando uno de los hijos de Paz asumiera la presidencia. El destino quiso que uno de ellos, Rodrigo Paz, fuera elegido presidente de Bolivia el año pasado. La Biblioteca Bush nos contactó de inmediato, y ayer en Doral @SecRubio le devolvieron la cruz al nuevo presidente Paz con una copia de la nota. ¿Y lo mejor? El presidente Rodrigo Paz pudo compartir esta historia con su padre, ahora de 86 años. Felicitaciones a todos, especialmente a @Bush41Library. ¡Promesas hechas, promesas cumplidas! 🇺🇸🤝🇧🇴
Por supuesto, esta anécdota nos invita a reflexionar sobre varias cosas. La primera, como América, tanto el país como el continente, donde no hay reyes ni cargos hereditarios en teoría; en la práctica, sí se encuentran familias que pueden mantener el poder a lo largo de generaciones. Recordemos que el presidente del que nos habla es Bush padre; luego su hijo George también ocupó el cargo y su hermano Jeff intentó hacerlo, aunque perdió la elección primaria contra Donald Trump.
Por su lado, Bolivia viene de casi veinte años de regímenes de izquierda, por lo que ser un candidato con tendencias de derecha dificultaba mucho llegar al poder; sin embargo, Rodrigo Paz lo logró. En segundo lugar, el hecho de que hubiera registro de la promesa, es decir, ciertamente que para el entonces presidente de Bolivia y sus hijos era algo que estaba muy en la mente; estar en la Casa Blanca con todos los honores es algo que no olvidas. Pero para un presidente de Estados Unidos, una visita más pasa sin mucho recuerdo. Aunque dejara una nota escrita de su puño y letra, que algún experto encontró por allí.
Pero para el personal de una biblioteca de alguien que ya murió y que hace 36 años estuvo en el cargo, recordar algo tan puntual no es precisamente tarea cotidiana. Que alguien lo tuviera en la mente y decidiera que era buen momento para recuperarlo, vale la pena. Encontrar la famosa Cruz Dorada, encontrar la nota a mano del presidente Bush y tenerlas a tiempo para la devolución te habla de que llevan archivos y registros bastante precisos. Acá les dejo la imagen de la nota de referencia:
Pensar que aquí hay cosas que hace 3 años se hicieron y ya no hay manera de encontrar la documentación soporte, mucho menos el objeto de que se trata. Por eso me llamó la atención la anécdota. Pero además el hecho de que estaban juntos los integrantes de la segunda generación, que también llegarían a los mismos cargos que su padre en dos países diferentes, lo hace algo atípico.
Eso llama la atención, no es fácil que ocurra. Por ejemplo, acá mi hijo mayor en una de sus primeras salidas, siendo bebé, pudimos llevarlo a nuestra universidad. Institución a la que mi padre me llevó de tres años de edad la primera vez, y a la que lo acompañé varios años, en que mi abuelo pasaba por nosotros para llevar a mi papá a dar su clase mientras él nos paseaba a mi hermano y a mí.
Claro que pensamos que mi hijo se graduaría ahí. Incluso, le compré siendo niño un regalo muy simbólico para ese momento. Eventualmente asistió algunos semestres, pero encontró que había prácticas que no le gustaban y se cambió a otra institución.
Hoy, ya profesionista y habiendo recibido el regalo de referencia, me hace recordar que tendría también varias anécdotas de añorar cierto futuro para los hijos, que aún no se pudo cumplir. Tampoco es grave, pero te habla de circunstancias que se mueven. Al final, ninguno de mis cuatro hijos fue a la institución donde su abuelo trabajó 509 años y su padre pasó casi 20. Así pasa a veces.
También me recordó alguna promesa que me hizo uno de mis tíos, el único que tenía antecedentes en política, y que me dijo alguna vez de algo que estaba seguro vería de cerca.
Aún no se cumple, pero no ha terminado mi vida laboral, por lo cual puede suceder aún lo que me prometió mi tío Héctor que viviría de cerca. Curiosamente, es una anécdota que no olvidamos, a pesar de que mi tío ya no esté con nosotros. Varias cosas ya las viví, no en la escala y magnitud que Héctor creía. Ya las viviré.
Les puedo decir que sí, tuve oportunidad de arruinarle un proyecto a una persona que 25 años antes había dañado a mi tío… Y no perdí la oportunidad de hacerlo. Promesa cumplida, aunque no era de la magnitud de los Bush y los Paz.
En fin, solo procuraré tener muy en mente esas promesas que me hice, que algunas puse por escrito, que esperaré que se cumplan y que, en su caso, se puedan heredar favorablemente a mi siguiente generación. Aunque no tenga cruces para lograrlo.
Curiosamente, reenvié el texto de Landau con un mensaje breve de que era una gran anécdota. Mi sorpresa fue que él y su hijo lo marcaron como favorito en mi cuenta en Twitter. Un gran gusto y un gran honor que eso pasara.




Ahora necesitamos un post con todo el chisme del proyecto arruinado...