Las redes, lo bueno y lo malo.
Porque no es precisamente una adicción, pero…
Estar en redes sociales ha sido parte de mi vida por los últimos 15 años. O más; ese es el tiempo que llevo en X (antes Twitter), que por mucho tiempo fue mi red favorita.
Resulta que le han hecho tantos cambios que, aunque ya suene a esas frases típicas de viejo decrépito amargado, “esto ya no es lo que era”.
En parte porque el algoritmo que intenta impulsar Elon Musk para monetizar dio durante algún tiempo buenos resultados, pero al tratarlo de corregir, se ha ido complicando bastante más, restándole interés, capacidad y utilidad a esa red social.
Por ejemplo, durante algún tiempo generaba pagos en función de las visitas que recibías, así que había mucho interés para generar material interesante y nuevo. Para muchos otros, era un incentivo para copiar vídeos o textos que se había visto que previamente habían tenido éxito, esperando que ese tráfico se replicara y que hiciera sonar tu caja registradora.
Esta tendencia no me gustaba mucho, pero bueno, la vi que fue muy utilizada y en algún momento llegué a generar con un contenido original casi 5 millones de visitas en dos días. Hoy, cuando a una publicación le va bien, alcanza 5 mil personas. Lo que es prácticamente nada y, para efectos de monetización, me deja totalmente fuera.
Viene esto a colación porque no me había dado cuenta de que desde el jueves pasado no publicaba en mi Instagram las llamadas a los blogs, tanto en Substack (GonzaloSuarez.com) como al blog Dichos y Bichos original (gjsuap.com).
Así que ayer me dio por ponerme al corriente y publicar casi 10 menciones de un jalón. Bueno, la respuesta fue mixta. Algunos diciendo que qué bueno que ya estaba de vuelta y que qué mejor que lo estaba haciendo así. Otros quejándose de que era una saturación y que lo mío es una verdadera adicción a redes.
Hace poco, una querida amiga y colega, de esas que conocí hace casi 15 años en X, cuando salía una ballena azul cuando saturabas la red, me dijo que había prometido, para compensar una enfermedad de alguien muy querido para ella, dejar de publicar en X si se curaba. Sabiendo que para ella era casi una adicción; es, por lo mismo, un gran, grandísimo esfuerzo. ¿Qué creen? Lo logró: su amado está mejor y ella lejos de la red del pajarito.
Dice: “Ahora me doy cuenta de qué tan tóxica podía ser tanto la red como yo en ella”. Es cierto, las redes nos permiten comunicarnos en primera persona. Pero también pueden alejarnos mucho de otras personas, en particular, de las cercanas.
Yo llegué a Twitter cuando a mi hijo menor había que darle su mamila a las 3 de la mañana. Como buen padre dedicado, me ponía a cargarlo y alimentarlo; mientras el niño yacía en un brazo y la mamila se sostenía en su lugar con mi barbilla, tenía en la otra mano el celular para ver los tweets del entonces presidente Barack Obama o del director de General Electric, Jack Welch. Me sentía realmente conectado con ellos.
Pero además creamos un grupo de papás, que hoy debemos tener hijos más o menos de la misma edad, casi llegando a la adultez, que pasábamos las madrugadas atendiendo a nuestros hijos y con la red del otro lado. Era el #Hijotime. Y varios amigos en la red me recuerdan por ello y por #Clonzalo.
En fin, viene esto a colación porque entiendo que un hábito de publicar a diario tiene que ir acompañado con la difusión diaria, no amontonar en un solo día lo de una semana porque, por supuesto, saturas a tu audiencia (y pareces un adicto sin solución).
Ya les contaré si este hecho de publicar de un jalón varias veces o mejor varios días poco a poco tiene algún efecto sobre el tráfico generado, que a final de cuentas de poco sirve escribir mucho si nadie te lee. Y de poco sirve avisar mucho de lo que escribes, si nadie te oye porque ya los saturaste.
Paso a paso, mejor. Esta es una reflexión que quería compartir con ustedes hoy, precisamente porque ayer creo que “me pasé de adicto” y espero no haberlos dañado de más en esta relación simbiótica entre ustedes como lectores y de mi rol como autor.
Muchas gracias por acompañarnos otro día en Dichos y Bichos. Y, como bien dicen los grupos de autoayuda, mejor “solo por hoy”.



Un día a la vez
publicando en redes
pa' mis lectores.