La burocracia y la Navidad
El enemigo más poderoso después del Diablo.
En estas fechas recordamos que José y María “no encontraron lugar para ellos en la posada” y Jesús nació en un pesebre dentro de una cueva, a las afueras de Belén. Es decir, no en las mejores condiciones.
Unos dicen, y con razón, que fue para cumplir las escrituras: que tenía que nacer en Belén. Otros, que para que pueda entrar en nuestro corazón: si llegó al mundo en esas condiciones, un corazón contrito es para él un palacio real.
Yo… tengo otra hipótesis. Que las burocracias son, después del diablo, el mayor obstáculo para la labor divina. Y no por malos: porque así están diseñadas las grandes burocracias: se rigen más por el cumplimiento de las normas que por los resultados.
Había paz en Roma y sus territorios. Buen momento para hacer un censo. Pero… tenían que censarse donde habían nacido, no donde vivían. Y allí tienen a José, viajando de Nazareth a Belén para cumplir un requisito burocrático.
Pero siendo Belén una pequeña aldea expulsora de migrantes, todo estaba lleno cuando llegaron. Y cerca del final del plazo legal, peor. Así que “todo estaba lleno y no había lugar para ellos en la posada”.
Y ni modo: tuvieron que habilitar un pesebre en una cueva para que María pudiera dar a luz a la Luz del Mundo. ¡Y todo por un burócrata romano que hizo el censo como siempre se había pedido: dónde la gente nacía, y no dónde vivía!



¡Ay, burocracia!
Desde hace dos milenios
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