Intensidad y hartazgo
Y de repente, se llega al exceso.
Estos han sido días de vivir la intensidad como pocos. Sí, es esa temporada del año en que muchos entienden que “es el último mes hábil del año” y quieren sacar en días lo que no hicieron en diez meses.
Pero también están los que quieren que “todo sea perfecto”, a pesar de que ya fue la fecha límite para entregar lo que están haciendo. Es decir, al buscar lo ideal, ya está fuera de plazo, pero no importa: lo que entreguen, aunque sea rechazado, será perfecto. Y eso les da más satisfacción mental que logros reales.
Tal vez lo que más me molesta es que se llegue al exceso. Que no basta que tres cosas estén bien hechas y en su lugar; que pretendan lograr 10. Y, en el camino, hagan algo tan mal que acaben destruyendo parte de lo que ya hicieron. O, peor aún, correr riesgos francamente intolerables.
Y bueno, que cada quien haga lo que quiera, como quiera y como pueda. El tema es cuándo esas demandas adicionales recaen en ti: creen que estás obligado a hacer algo. O a hacerlo exactamente a su modo. O propones algo y te dicen que es incorrecto, inadecuado o “una imposición”, y terminan haciéndolo como tú lo dices, pero después e “independientemente”, porque no se trata de darte crédito.
Creo que eso es lo que más tensa de esa situación. Y el hecho de que, de aquí al 15 de diciembre, muy probablemente será una actitud que vaya en ascenso. El fin de un plazo que se acerca, incomoda. El cambio de reglas al vuelo, pesa más. Y el que te quieran imponer cosas… peor.
Por eso esa intensidad me lleva al hartazgo. Porque, de repente e involuntariamente, se llega al exceso. Y el problema es que, actuar amable, aunque sea para negarte, se percibe como algo terrible. Eres malo, nefasto, grave. Pero tampoco haré algo que no me nace, que me parece innecesario y que me harta. Así las cosas.
Porque, y no lo olviden, a veces “en el pedir está el dar”, y ordenarme algo que ya puse en marcha y estoy haciendo solo, hace que me moleste de más. O que me digan que “haga lo que quiera”, para molestarse por el resultado o por la inacción.
En fin. Hoy dejo constancia de esto, solo para que no digan que no lo dije. Y si es intencionalmente vago, es porque no quiero que alguien diga que lo dije por ellos. Que luego el que harta con su intensidad, soy yo.



Días intensos,
un imperdonable error:
buscar perfección.