Empezamos movidos el año
Pero no como creen.
En México empezamos movidos el año. Pero no como creen. Poco antes de las ocho de la mañana de este viernes 2 de enero de 2026, sonó la alerta sísmica.
Después del magno terremoto de 1985 (uno trepidatorio de 8.2 grados y casi 90 segundos, que extraoficialmente dejó 10,000 muertos) y el de 2017, que también fue intenso, la cultura de prevención de la sociedad mexicana se ha ampliado.
Eso incluye que hoy día, en particular en la capital del país, hay un sistema de alerta sísmica temprana que se dispara con sismos de más de seis grados y que provengan de las costas del Pacífico. Eso nos da unos 45 segundos de anticipación, para evacuar edificios o, por lo menos, salir de la cama y vestirnos.
En mi caso, iba saliendo de misa (por aquello de que es primer viernes de mes y del año) y acababa de abordar el auto. Prendí la señal del celular, que suelo apagar durante la ceremonia, porque dudo que el Altísimo me marque al móvil si estoy en su casa terrena). Y justo estaba recibiendo los mensajes de esa hora, cuando sonó la alerta sísmica.
Ya había empezado a mover el auto hacia atrás, pero vi que un carro salía de su cochera. Me paré, puse parking en la caja de velocidades y esperé un momento. Cuándo… empezó el movimiento. Sospecho que a mi carro ya le hacen falta amortiguadores, porque se movía demasiado.
Cuál no fue mi susto, que al bajarme, el carro seguía oscilando de atrás para adelante, acercándose más al carro detenido a mis espaldas. Parecía que en cada movimiento de regreso, brincaba un poco. Abrí la puerta y puse el freno de mano. Oscilaba cada vez más lento.
Casi un minuto de movimiento oscilatorio. Afortunadamente, no fue trepidatorio, que con esa intensidad y dirección, pudo haber sido más grave. Al final, el reporte es de muchos espantados, un par de incendios menores rápidamente controlados, personas extranjeras envueltas en sábanas afuera de los hoteles y muchos mexicanos felices de haber cumplido su propósito de año nuevo: salir a correr temprano en la mañana. Aunque sea a sacudidas.
Acá en la casa, el único daño menor es que la colección de espadas de Star Wars se cayó de la pared o terminó desacomodada. Nada grave, aunque alguien me dijo que “es una pena que ni La Fuerza pudo ayudarlas a no caer”. La fractura en la pared ya estaba y no se hizo más grande. Es por un asentamiento del edificio de al lado.
Y yo pensando en The Life of Chuck, una de las películas que más me gustó el año pasado (y de las que les comenté aquí). “¿Acaso alguien está muriendo hoy y su mundo, del que soy parte, se está destruyendo? ¿Será mi propio final?”.




Me alegro de que no fuese más allá de un susto
Menos mal que no pasó nada grave y que estáis todos bien.