El pánico de la hoja en blanco
Debes poder vencerlo, o dejar de escribir.
Se acercan las conmemoraciones de Halloween, el día en que chicos y grandes gustan de disfrazarse para pensar que son divertidos. Yo ya tengo mi sudadera de Ken, el personaje de la película de Barbie. Y va a ser genial… por la ironía.
El asunto es que es un disfraz que muchas personas pueden comprender, pero que ya no es precisamente tema de moda. Si lo hubiera usado el año de “Barbienheimer” junto con un sombrero de ala ancha, todos lo pescarían de inmediato. Incluyendo los 20 o 30 que también lo usarían. Ya no sería “Kenough” para destacar.
Pero si mi audiencia fueran únicamente escritores, ya sé de qué me disfrazaría para causarles no miedo: pánico del que te paraliza todo y te deja sin respirar bien por varios minutos: me disfrazaría de hoja en blanco. Pocas cosas causan más pánico a un escritor, en especial a uno novato: el tener todo para empezar y no saber por dónde.
Y si te causa pánico una hoja, imagínate un libro entero que tienes que escribir pronto y bien. Sí, el estrés puede ser terrible, al grado que esa hoja se tornará amarillenta, se degradará de los bordes y la tinta se irá desvaneciendo cual documento tricentenario… sin que siquiera pongas la primera palabra allí.
No se dejen engañar: escritor que no sienta pánico ante la hoja en blanco, no es bueno. Pero tampoco sufran por nosotros: la hoja en blanco puede ser uno de los mayores estimulantes a la labor de escribir.
El chiste es saber pasar del miedo —o pánico escénico— a arrancar. Y les confieso mi segundo miedo: a no saber cuándo parar. Es decir, estos textos están pensados para compartirles una idea clave en no más de seis párrafos de entre tres y seis líneas cada uno. Lo suficiente para transmitir bien una idea.
Lo siento: ya estamos en espacios y tiempos extra. Pero era importante destacar que los miedos deben ser parte de tu alimentación como escritor. Y el viernes (porque mañana toca podcast) te compartiré una de mis recetas para vencer el pánico a la hoja impresa.
Ahora que, si no eres escritor de libros, sino que apenas compartes algunas notas sueltas en Substack… No importa. Te espero el viernes, que también te puede servir el consejo. Pero asegúrate de seguirme, para que te llegue a tu buzón si se te olvida pasar por acá.
Y como dicen por allí: quítenme el micrófono, o no pararé nunca. Por lo pronto, ya vamos en el doble de lo prometido tras el final, pero… es porque ya le dimos vuelo a la mente y no tiene frenos adecuados. ¡Oh, paradoja! Hoy que solo quería escribir sobre lo que siento al ver la pantalla en blanco y sin idea de cómo alimentarla de manera que sea útil, divertida y amena. Parece que lo logré, porque ya estás acabando.
Solo te falta recordar que… nos vemos el viernes, acá mismo.



"Quítenme el micrófono" es un "si ya saben cómo me pongo", no?
Pues a mí la hoja en blanco me encanta. Es verdad que es duro empezar, pero un folio en blanco... ¡Es un mundo de posibilidades!