El difícil trabajo del autoconocimiento.
Hay que hacerlo, aunque sea ocasionalmente.
Les decía que han sido unos días raros estos últimos. Porque se ha roto la rutina y con ella se han roto algunos malos hábitos, como el no pensar adecuadamente.
Me he dado cuenta de que no soy el único. Parte de mis reuniones y pláticas de estos días han tenido ese elemento común.
Amigos, colegas, clientes están considerando cómo van a rehacer su vida y qué sigue para ellos en adelante. Algunos en lo profesional, otros en lo personal. Hay quien va a tomar proyectos nuevos y los va a expandir, y otros que se van a quedar aprovechando las vacaciones escolares, rediseñando su futuro.
Me dicen algunos que se han puesto a reflexionar sobre sus errores y han encontrado qué han hecho mal en su vida y qué tienen que cambiar.
Por supuesto, nunca es fácil ese proceso, pero me da gusto que hayan llegado a esa conclusión. Del otro lado, hay quienes se atrevieron a dar el salto, ya lo decíamos ayer, y van a intentar cosas que les parecían grandes hasta hace poco.
Claro que corren un grave riesgo de fallar, pero corren un riesgo aún mayor de tener éxito y recambiar su manera de ver el mundo. ¿Por qué riesgo? Porque salir de la zona de confort nunca es fácil.
De mi parte, había una idea que estaba ahí nadando y que, al ayudar a otros con sus proyectos, pude descubrir cómo podía hacerla realidad y que crezca de una manera que no tenía considerada antes. Así que también este proceso de autoconocimiento me llegó de rebote, pero me llegó.
No olviden que hoy es día 21 y que debía haber cumplido el reto. De eso, les comento: como vieron el avance de la obra de teatro, me alargaron el plazo, aunque ampliaron las condiciones. Será mucho más grande de lo originalmente considerado, eso sí, con mucho más tiempo extra por esa segunda etapa.
Me da gusto porque permite aplicar ese autoconocimiento y esos proyectos con los que estoy avanzando. Si disfruté tanto hacer la obra, esto será aún más placentero.
Hay quien me dijo que “este Mundial está lleno de sorpresas” porque equipos de los que no se esperaba mucho están dando batalla a los grandes y hay otros que no están a la altura de lo esperado.
No hay equipos chicos, sino que han tenido pocas oportunidades. No hay equipos grandes, sino que han tenido mejores resultados históricamente. Brasil tiene más de 28 años de no ganar un título, pero se le sigue considerando “el más grande” por sus cinco copas, que nadie más tiene. Pero batalló el segundo tiempo contra Haití, que por poco le anota dos goles.
Marruecos, de quien se esperaba que iba a ser eliminado rápido y fácil, va primero en su grupo. Y no olvidemos que en el Mundial pasado también estuvo dentro de los cuatro mejores.
Así que no dejen que una etiqueta autoimpuesta o sugerida por alguien más los frene. Conózcanse, luchen y venzan cualquier obstáculo. Es parte de este proceso de cambios, de autoconocerse y de expandirse.
Por lo pronto, yo estoy en esa tarea en estos momentos. Justo ahora…


